
Detente, instante, eres tan bello / Poesía reunida
Cristina Peri Rossi
C´´ordoba, Caballo Negro, 2021
No podía dejar de amarla porque el olvido no existe
y la memoria es modificación, de manera que sin querer
amaba las distintas formas bajo las cuales ella aparecía
en sucesivas transformaciones y tenía nostalgias de todos los lugares
en los cuales jamás habíamos estado, y la deseaba en los parques
donde nunca la deseé y moría de reminiscencias por las cosas
que ya no conoceríamos y eran tan violentas e inolvidables
como las pocas cosas que habíamos conocido.
El arte de la pérdida
(Elizabeth Bishop)
El exilio y sus innumerables pérdidas
me hicieron muy liviana con los objetos
poco posesiva
Ya no me interesa conservar una biblioteca numerosa
(vanidad de vanidades)
ni colecciono piedras
botellas cuadros
encendedores
plumas fuentes —así se llamaban en mi infancia
las codiciadas e inasequibles estilográficas
Parker y Mont Blanc—
ni necesito un amplio salón para escribir
al abrigo de los ruidos de la calle
y de los ruidos interiores.
El exilio y sus innumerables pérdidas
me hicieron dadivosa
Regalo lo que no tengo —dinero, poemas, orgasmos—
Quedé flotando —barco perdido en altamar—
con las raíces al aire
como un clavel sin tronco donde enlazarse.
El exilio y sus innumerables pérdidas
me hicieron dadivosa
Regalo lo que no tengo-dinero, poemas, orgasmos-
me dejó las raíces al aire
como los nervios de un condenado
Despojada
desposeída
dueña de mi tiempo
Y con él tampoco soy avara:
sería ridículo pretender administrar
un bien desconocido.
El viaje
Mi primer viaje
fue el del exilio
quince días de mar
sin parar
la mar constante
la mar antigua
la mar continua
la mar, el mal
Quince días de agua
sin luces de neón
sin calles sin aceras
sin ciudades
sólo la luz
de algún barco en fugitiva
Quince días de mar
e incertidumbre
no sabía adónde iba
no conocía el puerto de destino
sólo sabía aquello que dejaba
Por equipaje
una maleta llena de papeles
y de angustia
los papeles
para escribir
la angustia
para vivir con ella
compañera amiga
Nadie te despidió en el puerto de partida
nadie te esperaba en el puerto de llegada
Y las hojas de papel en blanco enmoheciendo
volviéndose amarillas en la maleta
macerada por el agua de los mares
Desde entonces
tengo el trauma del viajero
si me quedo en la ciudad me angustio
si me voy
tengo miedo de no poder volver
Tiemblo antes de hacer una maleta
—cuánto pesa lo imprescindible—
A veces preferiría marcharme
El espacio me angustia como a los gatos
Partir
es siempre partirse en dos.
VII
Es bueno recordar —frente a tanto olvido—
que la poesía nos separa de las cosas
por la capacidad que tiene la palabra
de ser música y evocación,
además de significado,
cosa que permite amar la palabra infeliz
y no el estado de desdicha.
Todo lo cual podría no volver a ser dicho
si el lector
—tan desmemoriado como cualquier poeta—
recordara un poema de João Cabral de Melo Neto:
Flor es la palabra
flor, inscrita
como verso en el verso,
que leí hace años,
olvidé después
y hoy he vuelto a encontrar,
como tú, lector,
lectora, haces ahora.
XXVII
Eludir el nombre directo de las cosas
es convocarlas de manera más elocuente.
por eso cuando hablo de ti
te llamo Amaranta, Lanceolada,
Himenea y Yocasta.
Como sabiéndolo
tú respondes desde el fondo de la lengua,
allí donde el nombre de las cosas
es todavía víscera profunda
antes que acuerdo y convención.
Edad
Cuando le dije que no me contara nada
de su vida anterior
(tenía cuarenta y dos años, una larga
vida anterior, pues)
lo tomó como una muestra de generosidad.
Se equivocaba:
era puro egoísmo
a los cuarenta y dos años,
nadie puede contar más que obscenidades
y fracasos,
el arte de sobrevivir, en suma.
Las musas inquietantes I
(Las musas inquietantes, de Giorgio de Chirico)
En el suelo rojo
de madera que conduce de la actualidad
al pasado
se eleva
monumental
una musa sin brazos.
………..(A lo lejos,
una estatua romana,
una fábrica, un templo.)
Hay máscaras en el suelo,
cubos de colores,
un bastón y un pedestal.
Otra espera, sentada,
sin cabeza,
como una madre cansada de viajar.
Yo os invoco:
Haced de la angustia
un color.
Links
Reseñas. En P/12, por M. Halfon / Clarín, por P. Conde /
Entrevista. En Eterna Cadencia, por A. Rabaini