Lu Ciana Plaga Xombi Sodomita / El Púber P

Lu Ciana Plaga Xombi Sodomita
El Púber P
Rosario, Brumana Editora, 2023

Un colapso de la representación

Por Leandro Llull

El uso de heterónimos permite mayor libertad de posicionamiento, y de esa fuerza se ha valido el trabajo de Cristian Molina a fin de construir, más que mundos, enfoques despegados de cualquier sombra de autor que un texto pueda traslucir. En el caso de esta reedición, es el Púber P quien encara la tarea de guiarnos dentro de la epopeya de Lu Ciana entre los xombis sodomitas, con la mayor licencia imaginable y bajo la advertencia hecha en su prólogo: «la escritura no da cuenta de nada, ni siquiera de sí misma. No puede nada más que escribirse y punto. Lo demás es imaginación».

En esa clave autonómica, la elección del poema como vehículo responde a que este acoge mejor que cualquier otra forma el sinsentido de una historia hiperbólica en la que se destruyen los estereotipos, o mejor dicho, donde se cuenta del desastre solo con los restos que dejó el colapso del mundo representativo. La técnica del bricolaje (Lévi-Strauss) articula la presencia del xombi dentro de un mundo en descomposición y arroja al lector ante una reconfiguración que, antes que aterradora, deviene principalmente ominosa al sodomizarse la Pampa Húmeda y, en el sentido etimológico del término, desvirtuarse la silueta del gaucho-productor.

El xombi homosextual no es solo el reverso sino también el detritus del andrógino trágica y adecuadamente dividido, y ante los ojos de la protagonista (Lu Ciana), que a la vez son descriptos por el narrador (el Púber P), va a marcar lo irreversible de ese mundo «adelgazado todo a sus mínimos elementos / para entronizar el sinsentido entronizado». El descalabro, entonces, solo puede ser dimensionado mediante el tópico elegido. De ahí la trascendencia del heterónimo, que no requiere ningún fundamento por fuera de su existencia como escribiente de un poema huérfano. Es quien-vio-eso-ahí y nadie ni nada más, y precisamente gracias a ello podemos creerle, ¿para qué iría a mentirnos si para él no hay un más allá de la diégesis?

De este modo, el relato implica una errancia antes que una suma de peripecias. No hay heroína ni ayudante, apenas protagonista y testigo. Tampoco encontramos evolución ascendente ni condenatoria en los personajes. La deformidad de las normas no es juzgada por el Púber P; a veces es descripta con ahínco, otras enunciada con asepsia, pero nunca arrastrada a una zona meta-literaria, porque el quiebre ocurre en un plano de desvarío para el lector, aunque para el narrador solo signifique devenir: el tono por momentos aniñado del Púber P nos desembaraza de valores.

Igualmente, en medio de esa convulsión, hay reparos. Por un lado, los roces afectivos, las valentías, lo estrafalario, y por el otro, los detenimientos en la maravillosa materialidad de lo que aún persiste («el brillo enceguecedor allí en el centro / a pesar del caos»). De esta manera, llegado el final del recorrido, y con los personajes en el exilio de un mundo devastado, la atención se apoya en lo inmediato, en lo que no requiere de interpretaciones ni de cálculos, sino de una piel, de unas manos que se decidan a entregarse al fuego blanco de este mundo, como a los granos de la orilla, «bajo el sauce mientras el agua / pesa entre los dedos de los pies / y nos deja su arena amarilla como ese tesoro / gran tesoro / de lo que aún queda». En ese margen, en esa instancia de la tonalidad emotiva, es que el Púber P narra cantando las espirales del delirio.



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Otros textos sobre el autor en op.cit. «Poesía paranormal», por Diego Colomba