Camila V´ázquez: Selección de poemas, por Jimena Arnolfi Villarraza

Le pedimos a nuestra amiga y colega Jimena Arnolfi Villarraza que comentara y seleccionara algunos textos, a su gusto. Eligió los poemas de Camila Vázquez, publicados en el libro Ciencias naturales (Bahía Blanca, Hemisferio Derecho, 2024).

Escribir lo salvaje, sobre textos de Camila V´ázquez

Por Jimena Arnolfi Villarraza

“Casa es otra alimaña”, dice el poema que abre Ciencias Naturales, de Camila Vázquez, poeta nacida en Rosario en 1994. Camila creció en Merlo, San Luis, y reside en Río Cuarto, Córdoba. Hay historias que una lleva consigo todo el tiempo.

Las raíces están en el monte, cuenta la poeta al comenzar este libro. Camila entrelaza tierra y afecto, desmenuzando las emociones para degustarlas como un exótico manjar. Reproduce un diálogo con el hermano: “¿no te alegra que hayamos nacido en ese corazón?/ ¿qué tengamos un callo / a la altura de la yema / cierta entereza para el dolor/ porque conocimos muy pronto / la lengua de las espinas?”. El poema llamado mimetismo puede ser una carta de presentación:

las criaturas silvestres tenemos
el pellejo dañado
por la luz más punzante
nuestro amor es feroz
se parece casi
a la corteza

Entre los poemas florecen la memoria familiar, la juventud efervescente, los comportamientos de animales y plantas, el territorio en peligro, los saberes, los amuletos y las ceremonias. También brotan el humor, el sentido lúdico; la fe y la falta de fe. Estos son poemas con temperatura, textura, densidad. Camila busca en la espesura. Dice: “Quiero hablar la lengua del monte escribir en su lengua / y en su lengua amar”. Concluye: “Hablar la lengua del monte es inventar una lengua”. Nombrar es fundar. Nombrar el territorio para construirlo. El monte, el río, el país. Podemos hacerlo porque ya lo hemos hecho.

Al final del libro, hay un amoroso detalle: un apartado llamado Deudas, en el que Camila cuenta con qué poetas dialogó durante la escritura. Tomó prestados versos de Jorge Leónidas Escudero y Amelia Biagioni; y construyó dos covers, uno de Estela Figueroa y otro de Juan L. Ortiz. La poesía como una conversación. Nunca leemos ni escribimos a solas. La poeta también dice que existe la poesía porque existe la confusión. Estela Figueroa escribió que “Todo amor nace / a partir de una pequeña / confusión”. La poesía, como el amor, es lo más opuesto a la cobardía. Se necesita cierto arrojo para entregarse a la experiencia. La poesía no explica, no tranquiliza. Es un misterio, una pregunta. Ahora recuerdo a Juanele: “Toda criatura canta. ¿No es cierto? Canta para ser aún en el misterio, en el extrañamiento de sí”.

Una y otra vez meternos en el fango para buscar el poema. Estamos sedientas, deseosas de otros futuros, de nuevos misterios. Camila se maneja con igual soltura en la ternura y en la ferocidad. Su poesía tiene la capacidad de intimidar, seducir, asombrar. Se planta de manera insolente, como se imponen las criaturas de raíces profundas.

¿Qué posibilita un paisaje? ¿Qué sentimos, qué sabemos, de este territorio vivo? ¿Qué hay más allá de la primera mirada? “De a ratos el lenguaje / se vuelve pobre, débil instrumento”, anotó Circe Maia, pero insistimos, nos quedan las manos. En la tierra, en los ríos, podemos escribir lo salvaje.

Selección de Ciencias naturales, de Camila Vázquez

códice

quiero hablar la lengua del monte escribir en su lengua
y en su lengua amar
decir con su voz Amboy
a este pueblo que hoy se llamó Paganal
pero la lengua del monte no existe
no está en los libros que escribieron los letrados
no está en los libros que escriben
todavía los letrados ni en sus historias
de la literatura
ni en la lengua comechingona de la que queda
un signo rupestre en las paredes de qué cueva un brillito
en sus colgantes de piedra para el cuello en sus puntas
de flecha para matar
jabalíes y conquistadores
hablar la lengua del monte es inventar una lengua
un idioma se revela a un oído
si se dispone a escuchar ¿pero cómo
se lee el monte si han escrito sobre él
el desarraigo? donde estaba el pajonal ahora está el pino en la punta áspera del cerro buscaron el sosiego pero cómo si aquí se escucha la furia del viento apenas hay los coirones los caranchos pequeñez somos tan diminutas
¡ah! todos aman el campo
lo llaman bosque porque odian la espina
Monte se dice ¿cuánto tiempo
van a forzar sobre nosotras su traducción?
es verdad que canta cuando se abre el río
y se hace seco y se prende de ira
árido es su corazón
feroz hermoso impío
muerde y pincha
templo sagrado camino
de la algarroba
te llamo por tu nombre
y no te escucho Monte
cuando te oiga
¿tendrán espina y flor mis palabras?


esa tarde inventamos el verano

desnudas en el corazón del río
cada una maceraba un sueño de iguana
profundo y único bajo la siesta de sol

y estaban las águilas

el peligro del reposo es parecerse a la carroña
a los roedores
o a las piedras

para despertar
hundíamos los pies en el cauce dorado
bastaban segundos para entumecerlos

por eso era el invierno
volver a la vigilia es un golpe helado


dogma

cuando estoy triste recobro la fe
leo
quiero decir
busco un oráculo el rayo del pájaro
me parece un claro mensaje
el vapor de la tarde

recobro mi fe pero mi fe es desgraciada
conoce la amargura
es lo único
que puede proyectar en su lengua
es total
como toda fe
no tiene grietas

los símbolos solo anuncian catástrofes
traduzco incendio por rayo
lluviazal por vapor

me pierdo la gota
la noche encendida


Camila Vázquez (1994) es autora de los libros Yeguariza (Kintsugi, 2020), Tautea (Agua Viva, 2022) y Ciencias Naturales (HD Ediciones, 2024).

 Jimena Arnolfi Villarraza (1986) es autora de los libros Bandada. Una hipótesis contra la derrota (Santos Locos Poesía, 2025), Campamento de supervivencia (Caleta Olivia, 2021), Hay leña (Caleta Olivia, 2017) y Todo hace ruido (Pánico el Pánico, 2013).