La poesía no se inventa/ El prejuicio del sexo, de Sebastián Hernaiz

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El prejuicio del sexo
Sebastián Hernaiz
Bahía Blanca
Vox
2014

 

 

 

Por Fabián Soberón

El prejuicio del sexo, de Sebastián Hernaiz, integra poemas intensos, sencillos y directos. Los textos se abren bajo el paraguas contundente de un realismo limpio (no sucio). El último poema del libro, acaso una usina, presenta una pregunta que se repite y que, en la reiteración, increpa al lector y a la historia de la poesía: “Qué cosas son, acaso, el poema”. Este texto-canto-reflexión funciona como una síntesis, creo, de la intención estética de Hernaiz. Pero no porque el autor se lo proponga sino porque condensa los canales sutiles y las bifurcaciones estéticas del libro. En la primera parte de El prejuicio del sexo, Hernaiz expone un cruce entre lo autobiográfico, la vida cotidiana y el lirismo leve que se cuela como reflexión. Hernaiz tiene claro que lidia con los códigos del presente pero no se queda con eso como una etiqueta fija. En algunos textos, se permite romper la sintaxis y ensaya algunos ejercicios que distorsionan el sentido desde otro foco. De ese modo, Hernaiz trabaja con la unión entre jóvenes, la ruptura de esa unión, el recuerdo perdido y encontrado, las fórmulas de la melancolía. Y desarrolla –sin tono solemne y sin ser altisonante– una forma de entender el realismo poético y la poesía. A la vez, se corre –un poco– de cierto facilismo noventista: su poesía tiene reflexión, profundidad y una nostalgia feliz en el centro de la realidad opaca. Quizás esto sea lo que más impacta: cómo Hernaiz encuentra poesía en el “excesivo prosaísmo del mundo de hoy”, según la formula escueta de David Lagmanovich. Y lo hace, quizás, en el reverso estético de Borges pero con la misma premisa: la poesía no se inventa. Está en todas las cosas. El poeta es quien sabe encontrarla.

 

Poema de El prejuicio del sexo


Whirlpool

No sabía tu nombre y el prejuicio
del sexo me llevó a conocerte. Te invité
a mi casa a emborracharnos.

***

Fuimos compañeros y me calentaba
ver cómo llegabas tarde a las clases
y te ibas apurada antes del final.
No era displicencia, ni ostentosa irresponsabilidad
/a veces creo
no existen mujeres irresponsables/.
Conocí después
tu frenético mal manejo de los tiempos.
Tus horarios se pisaban, estabas
demasiado comprometida con tu placer,
pagar la cuenta de luz o ir al gimnasio
era un desorden.

***

Sin saber de tus rutinas
y sin hablarnos nunca
un día te di mi mail en un papel:
ahora tenías que hacer algo.
Rápida, me diste tu mail:
tuve que hacer algo yo. Te escribí
y primero no me contestaste,
pero después me contestaste
y te contesté de nuevo
y empezamos a escribirnos.

***

Cuando en estos días se cruzan muchos mails
y hay posibilidades de terminar cogiendo una noche entresemana
se pasa suave del correo al chat. Y así fue. Arreglamos
por msn tomar algo; fue un buen chat. Prometiste
llegar fumada y yo, tener cervezas frías. Vos
llegaste tres horas tarde; dos días antes
yo tuve que salir a comprar una heladera.

***

Garbarino mandó el envío
la mañana misma del día que era nuestra noche. Había que esperar
seis horas antes de enchufar,
dos horas más a que congele.
Tomamos las primeras
cervezas del primer frío de mi freezer.
Es un momento acaso
demasiado whirlpool para que sea memorable, pero las primeras
cervezas te esperaban casi congeladas
por el hielo sin hielo previo que se estaba por formar. Ninguna
otra cerveza va a ser la primera de mi heladera. Podría no ser gran cosa,
sólo una chica bella y dos
o tres detalles poco usuales. No es tampoco enchufar una heladera
una osadía que siente precedentes,
ilumine una vida o prediga, de modo necesario,
un futuro calmo y prometedor. Fue una buena cita,
y la heladera sigue enfriando en la cocina, aunque esas cosas,
pasado un año, ya no tienen garantía.

 


Links

  • Poemas de El prejuicio del sexo. En El Poema del Momento
  • Reseñas de El prejuicio del sexo. «Una escritura interrogativa», por Joaquín Correa. En Bazar Americano / «Cotidiana fragilidad», por Macarena Moraña. En Solo Tempestad / «El prejuicio del sexo», por Ana Paolini. En Revista Aglaura
  • Artículo de Sebastián Hernaiz. «Disparos contra la crítica». En Revista Ñ
  • Nota. «Las nuevas voces de la renovación crítica», por Ezequiel Alemian. En Perfil