Marcelo D. Díaz

En las rutas del futuro*

 

Satélites

Para el ojo del astrónomo
somos pequeñas gotas que caen en la tierra
desde un cielo ladeado en sus extremos.
Y para el ojo de los seres queridos
brillan los paneles de los satélites.
No sé explicarlo: es un candado de luz
ahogando la materia oscura

 

La estación

Por un instante el planeta
es una estación de servicio.
Me hablaron sobre su núcleo,
un corazón incandescente y amarillo
como la capa de Flash Gordon.
El auto necesita un cambio de aceite,
pero no nos detenemos.
Cruzamos el campo
igual al disco de Led Zeppelin.
Pienso en una película de ciencia ficción,
en el horizonte las naves espaciales
relampaguean distantes.

 

Newton y yo

La manzana que cayó durante la siesta de Newton
descansa en mis manos
como un agujero negro hambriento de sentidos.
La muerte de los cometas cabe en su núcleo.
Escribo el poema
con lo que tarda un rayo de luz
en aparecer en el mundo.
Newton sabía que los árboles
trabajan a la inversa de la gravedad,
lo leyó debajo de sus pies:
en cada hombre, comprimida,
hay una descarga universal
del tamaño de un planeta.

 

Teoría de la pérdida

a M.R

Suponía que sería de noche
cuando el hilo eléctrico de tu voz desapareció
atrapado en un auricular como de plata.
Decimos sujetos a interpretación.
¿Qué cambiará ahora si enciendo un reflector
entre dos ciudades separadas por mil kilómetros
para reafirmar una marca en el asfalto
parecida a un hombre sentado en la autopista
ensayando una llamada nocturna?
Digo, por ejemplo, somos el campo de fuerza
de un agujero negro o como la espera
a punto de sacudir la quietud de las rocas.
Voy hacia ti, hasta aquí llegamos. Hablo
del boomerang de los afectos extraños
que en su viaje de regreso nos trajo lejos.

 

Monólogo de Donnie Darko

En algún punto del jardín descansa un motor diesel.
Yo no era nadie en el universo
pero dibujaba accidentes aéreos.
Esa era mi particular manera de estar integrado
a la vida de los aeropuertos
hasta que leí el texto sobre una dimensión invertida
que cambia o duplica las historias personales
escrito por un hombre disfrazado de conejo.
Viajar por el tiempo es una tarea abstracta
como imaginar una antena portátil
dentro de la bóveda celeste o calcular la trayectoria
de la turbina de un avión cayendo al abismo.
Quizás existió un proyecto distinto para mí
entre las diferentes opciones de la oscuridad.
Temprano pasaré de ser el fogonazo
de una bengala a la última grabación de una caja negra.

 

Invierno

Manejabas en la noche y chocaste un ciervo.
Encendimos las linternas, no encontramos a nadie.
Éramos animales solitarios que
se extendían por el territorio como
la sombra de una mancha solar. La aceleración del motor
idéntica a la de las nubes del horizonte.
De haber tenido un perro rastreador
hubiese sido diferente. Existen espacios en blanco
que ni la fuerza de gravedad puede enmendar.
¿Dormiremos en el pico de los árboles
donde descansa nuestro auto
y nos desintegraremos con los campos
concentrados en la calma de los pájaros?
Lo más probable es que sin luz
perdamos la transparencia. Este accidente
no puede ser sino pieza de una maquinaria
con la misión precisa de fabricar olvido.
Aprendemos a cuidarnos
de los ángulos de la pérdida
como de la oscuridad que dejamos atrás
después de la onda expansiva.
En las rutas del futuro no existirán animales
que se eleven por el asfalto ni tampoco
seres como nosotros dispersos por el aire

como una llamarada
moviéndonos en la dirección del invierno.

 

Me llaman Ötzi

a Mauro Cesari

El aire es frío y duelen los ojos
junto leña en un bosquecito congelado
ayer un bisonte cayó al agua
atrapado en un candado de hielo
su cuerpo sellado quizá
espera el auxilio de un dios
semejante a mis tatuajes.
Estuve ahí entre la nieve
la boca de una fosa me atrajo
hacia el fondo ennegrecido.
Quería hablar sobre animales
perdiéndose como en un escalofrío
entre diminutos puntitos nevados.
Lo único que perdura es el invierno.

 

Mantarrayas

El espejo de agua es una cortina
en la que cientos de mantarrayas
aparecen reunidas formándose
en la escuela de los afectos humanos.
Me esfuerzo por aprender las técnicas
para desplazarme en la bahía.
Un hombre puede sentir frío
al contacto de un cardumen.
Por ejemplo mi vecino estuvo atrapado en una red.
El sonido del disparo de un fusil
fue la señal para iniciar el rescate.
Habría dejado de ser trágico
con el tiempo regresaría la escena nocturna.
La multitud de peces emergió del mar
como de una ciénaga.
Confío en la diferencia aumentada
de nuestras voces en el ritmo de la escritura.
Una debilidad creciente me recuerda
que no hay comienzo o final en la vida propia
ese limbo fosfórico
en el que nadie habla en nuestro nombre.

 

Gobi

La autobiografía de los afectos desencontrados
es parecida a un territorio
donde las oportunidades se minimizan o multiplican
dependiendo de la dimensión de tu voz.
Quién diría que en una región
en la que persisten los huesos
de criaturas gigantes de millones de años
no pueda existir un sentimiento más profundo
que el de una piedra. En los últimos glaciales
antílopes poblaron grandes extensiones.
Ahora casi no existen. Mañana es tu último día
en el árido vacío continental.
La arena es una hélice girando sin cesar
del tamaño de un motor nocturno.
No esperes la luz de la bengala o un mapa de estrellas
en un desierto es cosa común
que una venda como de sombras
se convierta en una tumba
para animales que sólo saben extinguirse.

 

* Nota del autor.
Hay una continuidad de fondo en estos textos: temas, figuras, paisajes que se repliegan en la escritura. Tres poemas de tres libros diferentes (Newton y yo, 2011; El fin del realismo, 2014; y Bosque chico, 2015; en ese orden), con una iconografía identificable con los mass media, enmarcados en una región de provincia, por momentos son versos líricos, por momentos se trata de versos que parecen imágenes fotográficas del entorno inmediato, a veces el yo se disuelve y en otras instancias es el corazón de la acción poética, entre ese diálogo de fechas, representaciones e inquietudes hice la selección. La poesía para mí ha sido una geografía. Hace tiempo me identifiqué con la imagen de un talismán ocupando no sólo un lugar simbólico en el mundo sino físico por fuera del territorio de los signos ahora intuyo, sin dejar de lado aquella idea, que es un hogar donde habito migrando entre las coordenadas de lo real y mis vivencias diarias, en otras palabras se escribe un poema igual que se puede levantar una casa, una morada para sí y para los otros. La escritura implica un cierto orden sobre la experiencia, una manera de equilibrar el caos interior y el caos exterior. No importa si el relato contenido detrás de un poema es real o es consecuencia de la ficción. De hecho: no importa si hay relato. Escribir tiene una significación más compleja resultado de la búsqueda de una voz que reescribe a la vez un tejido de voces nacidas de canciones, registros, lecturas y memorias atravesadas por una experiencia singular y en algunas oportunidades incomunicables. La lengua poética me resulta una lengua que carga con una infinidad de posibilidades para enunciar aquello que no encuentra traducción. A veces creo que si reuniera mis poemas en un mismo sitio, como a escala o en perspectiva tipo planisferio, lo que encontraría sería una cadena de archipiélagos, a modo de analogía, piezas sueltas apenas unidas e integradas al continente del lenguaje por pequeñas fisuras o placas de sentido.

 


Marcelo D.Díaz (Villa Mercedes / Río Cuarto, 1981)

Poeta, Licenciado en Letras, docente y crítico literario. Textos suyos aparecen en  revistas de papel y digitales; entre ellas, Otra Parte, Espacio Murena, Veintitrés, no-retornable y Ñ. Es colaborardor de nuestro sitio op.cit. Forma parte el consejo editorial de la revista de estudios literarios Borradores de la Universidad Nacional de Río IV

Poesía
Los fuegos de Orc: antología de poesía y ciencia ficción (complilador), Buenos Aires, Mágicas Naranjas, 2016
Bosque chico, La Plata, Club Hem, 2015
El astronauta, Córdoba, La Sofía Cartonera, 2015
La sombrilla de Wittgenstein, Bahía Blanca, Colectivo Semilla, 2013 (reedición)
El fin del realismo, Buenos Aires, Viajero Insomne, 2014
Newton y yo, Córdoba, Nudista, 2011
La sombrilla de Wittgenstein, Río Cuarto, Cartografías, 2007

Antologías
20 años agarrándose los dedos con la puerta, Córdoba, Llanto de Mudo, 2015
Penúltimos: 33 poetas de Argentina
(1965-1985) (comp.: Ezequiel Zaidenwerg), México, UNAM, 2014
Es lo que hay. Antología de la narrativa joven en Córdoba (comp.: Lilia Lardone), Córdoba, Babel Ediciones, 2009

Links
Poemas. En Malón Malón / Otra Iglesia es Imposible / Las Afinidades Electivas
Entrevista. En 1 Poeta 10 Preguntas
Artículo. «La historia de un poema», en El Desaguadero