Sinsépalo
una falacia, un hábito
una manera de acaecer, de hallarse. o un intento de trascender a partir de un gesto, de un unánime movimiento exagerado que no tiene antónimo posible. un collage, desemejante a recién. una capacidad atómica para despoblarme de mis peculiaridades incongruentes, habitantes del sinsépalo. de todo lo enteramente mío, de mi itinerario alojado, de mi derroche constante. una parte clueca y profunda esperando ser diluvio. capaz determinada desigualdad en el tiempo: un aposento. lúdicas, efímeras manifestaciones opuestas.
casi nada se parece a la necedad
soy viento revolviendo tu nariz enredada en mi pelo. fatigada. pienso que sé reconocer una escaramuza, el descontento que se esconde detrás del ruido. solo eso: un aburrimiento extraordinario dispuesto a aferrarse al fondo del mar.
o si pudiera ser pez que espira el silencio
hacer de ahí un todo, un caleidoscopio para mirar. el porvenir proclamado que espera justificando la vanidad que se enceguece en la sordera. para correr a contraluz y marea. yo puedo ahondar. andar en ondas, en olas. lunar. la superficie alcanza para seguir tirando del caparazón hasta. la desnudez. entonces, solo la cotidianeidad: abrazar las brasas. sellar llorando el mar salado. el lado lodo de la noche salmón. el lomo. el zigzaguear, la misma calle fría.
reiteradamente trata de hacer hincapié
en descansar sobre aquello. reparar las fuerzas. el consuelo igual le es comunicado. está asentado sobre el repaso de otra, razón de ser. y, asimismo, la serenidad próspera se convierte en lo adverso. lo colocado en frente para asustar. la parálisis. la desesperación que pretende: invadir, mesar, sumir. arrancar las palabras, la voz.
ahora vendo flores en el mercado de pulgas
antes también lo hacía. iba golpeando, aplaudiendo en las puertas para no gritar. iba solo por donde siempre parece que va a llover, por el medio de la mitad anaranjada, que es fuego visto desde un cristal. es invierno. ahí, mi imagen en sombras, por las calles frías, toda envuelta en una campera grande. las flores de ahora, ya no son así. no tienen ese aroma que cambia: se conservan.
¿cuál es el molde?
imitar las articulaciones de la voz. murmurar. callar. interceder. rogar. lo salvaje entre hojas de papel se mantiene y sirve para dorar o plantar lo que ha dejado el tiempo, para la nueva estación. para lo impío que nace. hostil. adornando la superficie. arrendamiento. arrullo.
se oculta en uno de los vértices
de mi yo, con sus alas sombrías y frías, envuelve, husmea mi interior, se pliega con sutileza dentro de mí, me mimetizo. arde en la necesidad de transgredir en los círculos del inconsciente. se apelmaza en la esquina de tu voz, se tapa el rostro con las alas y deja hendijas para espiarte. se duerme en mí. aletea y empuja, como si quisiera nadar. la claridad de mi piel lo enceguece, queda plasmado, es el dibujo de una mariposa negra y gigante presintiendo lo que vendrá con los ojos cerrados, desdoblados, y su sonar nocturno casi mecánico. haciendo sombra a mis sucesos imaginarios. el murciélago, se desprende.
mi yo:
se vuelve rojo, efímero, rojísimo. y me incendia. como pimienta enciende las lenguas. solo él, como única arma defensiva. se manifiesta. su voz: brama. cruje, para empezar a mostrar lo que está oculto. mi interior, su intimidad. se expone. posee la extraordinaria fuerza del viento. se agita estrepitosamente. revuelto, revuelve la casa donde se celebra el jolgorio, el bullicio interno. mi pecho. lo acepta y lo ostenta. pleno.
intimido en el interior arruinado
los nervios gélidos de nuestro desequilibrio. la parálisis que corrompe al estornudo. y pienso en dar franqueza al arrebato. yo robé, las osamentas del diluvio de los montes. para después taparlo todo con arcilla. huecos. rodeada de gestos que se visten de dorado, tu frente: arco inundado del abismo. mueca de tiempo. podría escapar o agobiar el insensato, espantarme hasta padecer amnesia. paulatinamente, surge. diminuto y despreciado, el eco que da retorno y se resuelve oblicuo en el achatamiento. agitada armonía: desesperación, como expiación, el desértico amargo de insinuar el mismo portal. el vuelo enorme. el bordado sublime en la cortina de arabescos. yo, rodeada de mariposas blancas bermellón me adhiero a vos. molestado disponés el momento de la vieja languidez, de donde provenimos. el impío oculto que se esconde entre la piel.
quinta feria
un día. cualquier nombre, puede ser jueves: el penúltimo antes del carnaval. el vértigo. la garúa infinita, menuda a las siete de la tarde. el silencio, imperturbable. abismo: alarma. resbala la hora de prisa como un dedo formando trocitos de ñoquis. pasa y sigue. un intervalo. ripio o pueril. es relativo, la propagación de un receso. todo se muda, evoluciona. también la soga de colgar la ropa se puede alargar un poco cuando ya no hay más lugar.
N. del E.
Estos poemas pertenecen al libro Sinsépalo, publicado por Hemisferio Derecho, Bahía Blanca, 2024.
Ana Claudia Díaz (santa teresita, buenos aires, 1983)
Es poeta, coordinadora de talleres literarios. Con el apoyo de la Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes compiló Yacer en el Tuyú (Buenos Aires, El Suri Porfiado, 2020). Participó, entre otras, de las antologías Color Pastel, País Imaginario 1980-1992, Antología Federal de Poesía de la Provincia de Buenos Aires y Una imagen para decirlo. Es colaboradora de op.cit.
Poesía
Sinsépalo, Bahía Blanca, Hemisferio Derecho, 2025
Tapera (Plaqueta) el CERO de las formas, 2019
El hemisferio del lado en que quedamos, Rosario, Baltasara, 2018
Una cartografía de la insolación, La Plata, Club Hem, 2015
Conspiración de perlas que trasmigran, Buenos Aires, Zindo & Gafuri, 2013
Limbo, Pájarosló editora, 2010 La One Hit Wonder Cartonera, 2012
Al antojo de las anémonas (Plaqueta) Buenos Aires, Color Pastel, 2011
La ecología de las poblaciones (Plaqueta), Pájarosló, 2010
Vuelto Vudú (Plaqueta), Pájarosló, 2009
Links
Más textos de Ana Claudia Díaz en op.cit. Poemas: «El hemisferio del lado en que quedamos» // Reseña: sobre Bosque chico, de Marcelo D. Díaz / sobre Desiderio, de Germán Arens
