De Visitas a la superficie + inéditos
Selección: Fernando Márquez
Solo vimos chispas*
vaya uno a saber Sofía
qué señales dispersas leí
el sitio donde puse el pie
con la ceja alzada
de una incógnita que nos supera
cómo calculé mi salto
que fuera firme la piedra
sobre el charco
en la superficie de nada
cuáles brillos sobre el agua
donde estaba el peligro
bocados de migas de pan
echadas a la suerte del hambre
de la ardilla o del ave
al albur de las imprecisiones
en los caminos
nunca transitados
Sofía y yo reflejadas en la
improvisación del apuro
el vestido roto
la corbata de lado
la hoja breve
de presentimientos
la pluma rebelde caída
en lo nunca escrito
busquemos le digo
en los linajes del destino
rastros que existen
nuestro corazón fue
un bosque desordenado
sólo vimos chispas
hemisferios de mentiras
operación de magia
varita de luz que nos roza
el énfasis de lealtades
a nuestras tiernas
personitas de entonces
silencio que no alza la voz
no empuña la armadura
de palabras
lujoso no estar
sino en lo exento
de ruidos
¿acaso una mueca quería
conjurar tu destino Sofía
tu aullido de letanía?
un puñado de arena ahora
decanta entre tus dedos
tan simple era arrojar me dice
migas de pan agua aire
sucesión de olvidos
como se echa el dado
sobre la vida
reservar la carta decisiva
ella le dijo si me quitás la bruma
con tu respiración cercana
si queda disuelta su frescura
el aire que traés desvestirá
mis criaturas inocentes
estaré desnuda
vendrán por mí
con la estaca probable
de madera de alerce o sándalo olorosa
y en la espalda del corazón
el constante latigazo del miedo
se apurará a quemar la ofrenda
con que nacemos
aun así dice Sofía en ocasiones
supe agradecerle el mal
en mi beneficio esa
descortesía infinita
cerca de la playa la campana
de la iglesia matriz del pueblo
ahora resuena metálica
demora su musiquita
parece alejada y cercana
estridencia que lleva
el compás de nuestras nostalgias
respira en mi interior
en lo que guardo
un entredicho sin palabras
de la larga tarde
de los hermanos que nunca fueron
y fue así por años
tañidos de campana de vidrio
en realidad tan frágil
agudos como un diamante
aún ensordecen palpitan
su ir y venir anclado en hechos
sucedidos allá o no sucedidos
quién lo sabe
en los instantes festivos
de los pocos años
no sabíamos qué era eso
de qué se trataba
vos hermana te reías
y nunca era suficiente
sobre mis primeros cuadernos
ojos grandes
como los tuyos Sofía
queda y estática tu mirada
ante los infinitos tonos de lo oculto
empecinamiento y sal
como el mar que vuelca y vuelca
descansar dan ganas
sobre las olas
poder descansar
sobre la línea de la playa
de espuma y sal
a las heridas les gusta
la sal para gritar
echada la suerte
abandoné las preguntas
así fue ese gran amor Sofía
huella en el polvo
cuando no estaba ya
mucho me convenció
la guarida de lo callado
toda mi lealtad a la verdad
ese universo
como error intensísimo
ahora la planta
de mi pie busca palpa
la tibieza interna de la arena
y la breve humedad
que viene del mar
mi resistencia frágil
a su encantamiento
porque amé el mar distante
el color de la arena
los ojos celestes del dios
de las tormentas
escritos los destratos
con las muñecas lastimadas
de cada palabra
aún las esposas sin metal
dañan la piel
¿qué me podés asegurar
pasajera de retinas cargadas
de rieles y estaciones
no indemnidad
escrutar lo que viene
los barrotes intermitentes
tapan toda visión
ves pasar en la oscuridad
quién puede asegurar lo que hay detrás
notaste cómo se disuelve
el camino hacia adelante?
ruido de fondo
de las olas del mar
la música que no fue
detiene el aire
nos quedamos sin asombro
y aún volcamos
las velas de la travesía
desplegadas ricamente
(las arriamos fuera
de todo entredicho)
mi rigor de rayo intensísimo
te cegó no tenías
mácula para verme
atravesamos todos los delirios
la voz no encontró su música
las pequeñas caricias de ánimo
no nos regalamos
a veces pasa
en verdad hermanas tan diferentes
ese mecanismo impidió
que el mundo que poseo
te fuera enseñado
Sofía creció desde el regazo
de la semilla mínima
a la fortaleza del árbol
hoy sus nervaduras resisten
son firmes se perdió su hija
¿para qué? ¿por qué vino?
el agua su caída sobre un corazón
era también humedad grávida
vuelta de llantos milenarios
como el agua en la semilla
gotas y gotas
en el bulbo dulce apenas vivió
en los entresijos de la piedra
de tu inexperiencia
con impacto de vertiente de lágrimas
líquidos abundantes
no fue árbol o planta en su lugar
fue pena
llamé a la planta
por un nombre ignorado
ahora hace presencia como una verdad
como si fuera
espacio digno de tu duelo
Agapanthus
Aquí cerca del mar
las hortensias bebieron por años
la brisa marina
incorporaron el color de los atardeceres
gustaban del perfume de los pinos
y fue lento pero subió
el descontento a sus brotes
al color verde intenso de las hojas
al celeste cielo de unas
rosa ciruela de otras
aún las pálidas no se amoldaron
a este sol ardiente
calor tan raro
negaron bajar la hermosa cabeza
marchitarse tan jóvenes
les molestaba perder
los colores morir antes
ser reemplazadas sin miramientos
por los agapanthus.
Tomar la palabra
con quién de ese propio múltiple
tuyo y mío lector
hablamos con los demás
de quién se trata
en qué lugar profundo
tomamos la palabra
nuestra forma de estar
en el instante embebidos
la lectura del poema
su arribo a la superficie
quién del otro lado escucha
el que llega al otro lado quién
qué creés te esté diciendo.
Baia delle Zagare
La bella baia delle Zagare
punta remota del Parque Nacional Gárgano
sentidos alterados
a mis pies el mar
un ascensor para el acantilado abajo
junto al bar desafiar la importancia
humana de las cosas
las bases de tu propio arte
Vila-Matas pierde igual a mí
las teorías el reloj avanza
y es ruinoso el horizonte infinito
la vida es espera.
Anna
quién lleva acaso la cifra
de sus amoríos
sus collares
de malaquita verde
en El perro Errante
la bohemia y la poesía ahí
como una estrella
la historia de los clásicos
como arduas
nostalgias pervivientes
los utensilios la mesa la vela
el ajuar indispensable del poeta
pudieron faltar
no su equilibro de pájaro
en las corrientes altas del aire
entre dos siglos
mi mantilla decís Anna
cubre el asombro: adelante
vivimos en la humildad
como un piñón ardiendo
en el centro del plato de las ofrendas
ahí quedará la resina quemada del poeta
qué nuevo disfraz entonces
ahora o hace centenios
espera el poema
que mira a los ojos
de los silentes
los espejos del tiempo replican
ese deseo de ser desbordado
prepara la alegría y lo turbio
Vestida de blanco
Esta es canción vieja,
que no habrá de revelarse…
Wallace Stevens
ataviada y dispuesta
alistada como la niña negra
de la canción de la infancia
supone que todos jugarán con ella
almidonada y compuesta
en la casa del corazón allá arriba
solo está la niña invitada
a errar con ella misma
La suerte
la heroína es una princesa cruel
sabe con claridad qué lumbre
cuáles manos repartirán
la sed secreta de lo inexplicable
los panes difíciles de arrojar lejos
del sendero de lo cotidiano
sin piedad en pocas palabras
El poeta
una tarde de lluvia se escribe
la humedad que hace brillar
las piedras del camino.
una nueva puntuación del mundo
alumbra el instante mismo
de ese paso húmedo.
no reescribo el puro espejo.
sólo la humedad del umbral
en la suela del zapato
se filtra a la interioridad donde
es el poema es el poeta.
* De Visitas a la superficie, Buenos Aires, Ediciones en Danza, 2022, prólogo de Claudia Masin, ilustración de Eugenio Béhèran.
María Rosa Via (Concordia, Entre Ríos)
Es poeta y abogada. Publicó Visitas a la superficie (Buenos Aires, Ediciones en Danza, 2022).