Ana Lafferranderie. Casi real

Casi real
Ana Lafferranderie
Montevideo
Centro Editorial La Castalia – Ediciones de la Línea Imaginaria


Plegaria

Rastro de nada, no te asomes de nuevo
ahora que es invierno
se cayeron los templos del balcón.
Las cosas que más pesan se levantan
no lo compensa el fuego,
la tibia comodidad de este aislamiento.

Forma vacía, no te muestres ahora
que el verde de las plantas no me alcanza,
ahora que la orilla es una calle desierta
y todo lo que crece anticipa un final.

Noche, te pido algo que por fin nos alivie
que devuelva lo nuevo en medio de lo nuestro.
Y esa alegría cierta, reanimándose.
(Irrupción que la nombra, no me olvides).


Estado de situación

1
Frenada por mí misma,
por un doméstico desvelo,
por palabras no dichas o apuradas
y esta forma menguante.
Golpeada por las noches de mi hijo,
por las horas sinceras de la casa,
la existencia lejos del árbol de la infancia y esto
desasido que soy, aquel poema
de Larkin que refiere al deseo de estar solo.

Y por lo inestable de cualquier condición
(esa persiana baja, el mar cambiando lejos)
la poesía que crece solo adentro, todo
lo que sucede fuera de mis días y noches
y se ilumina a veces como un escenario
que no voy a ocupar.


2
El pensamiento ahora elude
lo necesario, la noche
del día de hoy es algo que pesa
y mis manos se arrugan.

Doy luz a un par de objetos, nada
que nos cambie el destino. Lo que reina
es una trama de ideas suspendidas,
un gesto quieto que alguien legó en la infancia.
Debajo siempre se está moviendo el agua

(agua traída por un antiguo río
que se agita en el sueño).


3
Nacer de nuevo, nacer de otra energía
descanso que se sueña con los ojos abiertos,
con la mira en un punto imposible.
Es la idea de hoy, en un rato se cae
en dos días se olvida.
Se olvida esta puntual forma del miedo.
Miedo que se reconoce al cerrar puertas,
se nombra en lenguaje de señas,
se alisa en las hojas.


La misma luz

Es poesía, enciende una puerta cerrándose
y eso que la traspasa bajo la misma luz.
En un solo destello te hará ver
el cielo rojo que caía sobre Tánger,
la curva del camino por donde iba
tu corazón desclasado a embarcarse,
el cajón que resguarda el manojo de llaves.
Sucede en vos.
Ese jardín vecino con su aire más libre,
la ventana que se abre hacia el primer calor.
Y esto que ahora vuelve:
el modo en que él no llora,
los dieciocho partos de tu tatarabuela,
la aleta lenta de aquel viejo pez.
En esa misma secuencia podrás ver
a una mujer que asoma en el último escalón,
su andar de escolta, su paciencia tatuada
el modo en que te mira saturada de sí.
Con ella tu pañuelo, impregnado en perfume
y el silencio que a veces te resguarda. Todo
conforma este momento, se sitúa
indiscutible y puro
bajo un halo que casi
llega a existir.


Límites

Es una foto, parece ser real: un hombre
va hacia el borde de un barranco.
¿Qué convicción lo impulsa.
qué clase de memoria? Adentro,
hago que salte ese vacío, veo
la cicatriz del otro lado. Él sigue
en su impulso, tan cerca de un fondo.
Va hacia algo que siempre tuvo enfrente
y nada
de lo que yo imagine
para cambiar la escena, resonará
más allá de mis pasos.


Punto de mira

¿Por qué hablar del viaje,
no del momento previo
que prepara la casa al abandono?

¿Por qué la esquina, no antes la escalera
el escalón partido, los gritos al salir?

Y esa luz que resguarda la realidad del cuarto.
El aura suspendida de la intimidad.


Instante del viaje

Ojos abiertos ven pasar verde,
un rápido movimiento que se borra,
líneas indefinidas.
Ojos cerrados ven pájaros oscuros.

El latigazo de ambas visiones dice
que ese conjunto es mi corazón completo

(mi corazón con sus dos partes viejas,
su parte muda).


Mapa de ruta

Cambiar el aire bajando la avenida.
Dejar atrás la penumbra en la ochava
la terraza after office con sus luces más íntimas
el olor a natilla que me puede atrapar.
Acercarme a la historia familiar.
Que aparezcan la escuela, la vieja librería
con figuras brillantes que pedían mis hijos.
La manzana completa del enorme hospital
donde hace veinte años pasamos cuatro noches.
Y que la vida sea también esta película
de lo que ya no existe. Lo más real ahora:
mirar hacia adelante.
Hacia las flores blancas prendidas de una reja.


Selección: Carolina Massola.


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