Loreley El Jaber

Azul también rabioso*

Estoy anclada en un mar
de profunda espesura
intento remar
me detengo en la consistencia
de esa agua sin luz
y entiendo que mi destino
no está en el avance ni en el movimiento
ni siquiera en la persistencia
sino en esa espesura repleta de pliegues
que me convoca
a través del tiempo

*

Estoy atravesada por esa imagen injusta:

mi hijo llora
como si ayer mismo hubiera nacido
como si el mundo buscara quemarlo con su luz

Sentada en una ancha cama blanca
acurruco a mi pequeño herido
lo hamaco
me hundo en su cuello
y sostenida en su olor

sobrevivo.

*

El amor perdido se le agolpa en los ojos
quisiera regalarle un poco de alivio pero
digo lo que sé
El dolor que cuentan sus pestañas mojadas
es para mí
un dolor conocido
entonces digo
tiempo, tiempo
que transcurra se acumule tiempo y más
para que ese quiebre ya no impida el movimiento
del pecho al inspirar
de la boca al tragar
de los labios al despegarse
Lo que no digo
es que a pesar de los regalos
que le reserve el universo
ese puntazo con el que vive
seguirá

No digo
sólo escucho y me recuerdo
aplastada por el peso de lo perdido
y aprieto
esas manos empapadas
como si fueran las mías
desmayadas y solas
años atrás

*

Hoy en el jardín hay mucho viento
acurrucada en la baldosa roja
rodillas al pecho
dejo caer mi cabeza
cierro los ojos
y mientras escucho
mi silencioso devenir
respiro profundo
el verde alimonado
del cedrón que me enseñaste.

*

A pesar de este mar que adoro
que contemplo como una caricia
a pesar de mis hijos saltando olas
de su risa mojada en este paraíso
el ahogo vuelve a mí

Respiro como puedo
el agua me devuelve el reflejo de una batalla
mi garganta se cierra, entrega el aire, cede sumisa
como si la clausura diera paso
a una revelación soñada

No sé si te das cuenta de mi miedo
sólo sé que te acercás y me das la mano
tan sólo eso
me das la mano
como siempre
Mi pecho no se libera
pero empieza a aquietarse
y el mar me presenta
su azul
también rabioso

*

Qué ganas de desaparecer
que no haya tierra ni lógica ni esperas
desaparecer por un rato
y flotar liviana
acariciando el viento
revolcándome en el aire tibio de la mañana
con mi pelo dibujando el cielo
y la mirada limpia
sin un gramo de espesura

*

Hay un punto
entre tiempo y tiempo
un momento dulce
en que la aspereza se hace a un lado
y nosotros
nuestros ojos

un punto
sin escritura posible

*

Quien haya sobrevivido
al desborde de la lluvia
sabe
que se puede respirar en el agua

* Nota de la autora.
Los poemas corresponden al libro La espesura (Buenos Aires, Ediciones del Dock, 2016). Suelo decir que a la poesía (como a tantas otras cosas en la vida) no hay que apurarla. Quizás este no sea más que el modo que encuentrode aceptar mi propio ritmo; lo cierto es que el mío es lento y últimamente se ha ralentizado. Cuando escribo, esa lentitud se pone en funcionamiento. Puedo escribir de un tirón o muy fragmentariamente, pero la detención es lo que más disfruto de la escritura, reparar allí donde el oído declara ruidos ajenos al poema, interrogar ese escandido, parar, leer en voz alta, dejar reposar y, luego, volver a empezar. El proceso es,tal vez, lo más detenido y al mismo tiempo lo más fluido. En esa aparente contradicción voy, avanzo.
Hablando de ritmo, hizo falta tiempo para que la idea de un nuevo libro adquiriera espesor, es decir que pasaron muchos años hasta que aquella sensación de vacío luego de la publicación de La Playa cediera espacio para una nueva producción. En esos años tomé aire, leí mucho, escribí muy esporádicamente, pasó la vida, para decirlo con simpleza. Y entonces el aire se quedó pobre, empezó a pedir palabra y volvió la poesía y surgió un nuevo libro en mi mente, mejor dicho: surgió la idea de un libro. El proceso de escritura de La Espesura fue fiel a esa idea inicial; de hecho, la palabra que le da título estuvo desde el comienzo. Y el poema “Estoy anclada en un mar/ de profunda espesura” marcó el camino del libro; precisamente la imagen que componen esos versos se volvió casi su directriz. Pensé entonces en decir lo espeso, lo denso, el tiempo, ahondar en la oscuridad que (también) nos define. Fue un trabajo maravilloso el proceso de buceo que esa idea demandaba y el juego que permitió. Cuando creí que el libro estaba terminado (o casi) lo di a leer a algunos amigos, sensibles lectores. Recibí sus impresiones, yo también volví a leer y entendí que había algo que necesitaba un cambio, pero no sabía qué era. Entonces me di cuenta de queel libro andaba pidiendo más tiempo y decidí dejarlo descansar.
Cuando un libro se está haciendo no se deja de pensar en él en ningún momento. Fue así como un día, mientras leía a poetas que admiro y disfruto, marcando versos, formas, poemas, supe que en el caso de mi libro había algo del orden de la estructura que reclamaba una vuelta de tuerca.  Entonces, decidí dividir el libro en tres partes –“El tiempo”, “La quietud” y “La lámpara”- y elegir los epígrafes para cada una de ellas. Y de repente todo se empezó a ordenar solo, como cuando uno toma una decisión largamente demorada y luego el agua encuentra su cauce, así, sin dificultad alguna los poemas se reordenaron en función de las divisiones y hubo partes que, incluso, pidieron nuevos poemas que escribí pensando en la consecución del libro entero o en el transcurrir de un poema tras otro.
Por supuesto, el proceso siguió (a mi propia lentitud se sucedieron nuevas lecturas, algunas de ellas centrales como la de Griselda García) pero creo que cada libro construye su propio tiempo. La Espesura llevó el tiempo que necesitaron su densidad y sus pliegues, incluso se demoró un poco. Hoy, a la distancia, descubro que esa demora no es del libro sino mía. Y es que encuentro placer en la imagen pequeña, en el solitario y silencioso trabajo del detalle. Quisiera poder hacer de la detención un culto y, si bien no sé si lo logro, en ese camino ando la poesía, intentando seguir el ritmo de mi respiración; escuchar el airea su tiempo: todo un desafío.


Loreley El Jaber (Buenos Aires, 1972)

Es poeta y ensayista, doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires e investigadora del Conicet. Es docente de Literatura Argentina en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Diversos poemas fueron puplicados en las revistas Contratiempo (Chicago, 2007), Casquivana (Buenos Aires, 2012) y Sala Grumo (Buenos Aires/ Río de Janeiro, 2013 y 2015). Algunos de sus poemas fueron traducidos al portugués.

Poesía
La espesura, Buenos Aires, Ediciones del Dock, 2016
La Playa, Buenos Aires, Viajera Editorial, 2010

Ensayo
Un país malsano. La conquista del espacio en las crónicas del Río de la Plata (siglos XVI y XVII), Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2012
Una patria literaria. Historia crítica de la literatura argentina, Buenos Aires, 2014 (coordinadora)

Links
Poemas. En La Ficción del Olvido / Griselda García / El Infinito Viajar
Reseñas. «Un abismo en el fondo», sobre La espesura, por Carlos Schilling, en La Voz / Sobre Un país malsano, por Claudia Torre, en Orbis Tertius