La vida en el mar/ La escafandra, de Patricio Foglia

t_lescafandra_p_fogliaLa escafandra
Patricio Foglia
Buenos Aires
Mágicas Naranjas
2015
43 páginas

 

 

 

Por Marcelo D. Díaz

Hay un mundo irrecuperable compuesto por las reuniones familiares, las voces de nuestros padres y de nuestros ancestros, que sólo persiste en la memoria. Un objeto cualquiera puede convertirse en un elemento parecido a un amuleto desde el que decidimos volver a narrar aquellos vínculos con los que nos definimos y con los cuales articulamos nuestra voz singular. La escafandra funcionaría como ese elemento que nos conduce con su luz diminuta y nos ayuda a bucear en las aguas de nuestro pasado. De ese modo puede ser un texto épico, la narración de un viaje en el que nos sentimos realizados al llegar a destino: «Todas las tardes/ llegaba el traje submarino/ y sin detenerse avanzaba directo hacia el mar/ con el paso seguro de un héroe griego/ que conoce y acepta/ lo que han entrevisto los oráculos«. No es un dato menor que Selva Almada en su lectura nos recuerde a Gilgamesh, aquel héroe inmortal que supo ser reescrito en clave Pulp a finales de los años sesenta. De hecho, si buscáramos una analogía con el universo del cine, por ejemplo, podríamos encontrarnos con escenas parecidas a los films de West Anderson, como el caso de las aventuras del capitán Zissou perdiéndose en las profundidades del mar en una historia polifónica sobre la disolución con sus seres queridos.
La escafandra quizá sea un espejo que, como en una alucinación, nos devuelve nuestro propio rostro desdibujado e intraducible. Allí dentro, estamos nosotros, en un juego de máscaras tal vez, con nuestras creencias y nuestros miedos: «¿Será el espectro de santa Teresa/ que muere porque no muere/ gozando de dolor? ¿Será un recuerdo cualquiera/ el recuerdo por ejemplo de mi abuela, que /lloraba y se reía/al mismo tiempo/contando siempre la misma historia?» En el rostro que se refleja se manifiesta el mundo y en esa manifestación aparece la inquietud por el paso del tiempo. La fuerza de los recuerdos arde en el presente en forma de interrogantes. ¿Para qué escribir? ¿Acaso la escritura no nos sirve para armar un cuaderno de ruta de nuestra historia personal? ¿Qué es lo que se comunica? El horizonte del poeta es aquí un velo que se interpone entre la tarea de recubrir de significación sus acciones y una lengua circunscripta a los sonidos que habitan el interior de los caracoles marinos. No habría diferencia entre lo que imaginamos y la realidad o para decirlo en otros términos: entre los sonidos de la naturaleza y esa iconografía familiar disolviéndose en el firmamento.
Toda experiencia está atravesada por interrupciones, pequeños espacios en blanco. Por otra parte, la vida bajo el mar tiene mucho en común con la vida en el espacio exterior. Un traje submarino es muy parecido a los trajes de los astronautas. Por eso la pregunta: ¿Será algún ángel marítimo? Un ángel que camina al ritmo de la experiencia y que nos saluda a lo lejos y nos invita a seguir su recorrido mediante las pequeñas huellas que van quedando temporalmente escritas en el agua.

 

Poemas de La escafandra

La Escafandra

1

Desde el muelle, parecía tener unos
quinientos años

Primero divisé algo informe
acercándose
desde lo alto de un médano
y luego más precisamente observé
un antiguo traje submarino
que avanzaba con dirección a las aguas, al calor
del atardecer en la playa

Al llegar a la orilla se detuvo
y con parsimonia se colocó
una escafandra y continuó su trayecto
hasta fundirse
con el mar que lo esperaba y
ya era una fuente de bronce

 

2

Desde esa tarde, todas las tardes
llegaba el traje submarino
y sin detenerse un solo instante avanzaba
directo hacia el mar
con el paso seguro de un héroe griego
que conoce y acepta lo que han entrevisto
en tinieblas los oráculos

 

3

Cada tarde observo
su peregrinar y siento en su marcha
cómo el sol acaricia minucioso
cada grano de arena, cada roca del muelle
con la atención de un padre contrariado
que ha permanecido tal vez
demasiado tiempo fuera de casa
y la luz ilumina hasta el polvo
que flota y se esparce con la caminata
y el traje también recibe la caricia, la demorada
bendición de la tarde

 

4

Yo supongo que en sus periplos subacuáticos
camina y camina
hasta traspasar una frontera
invisible, nebulosa; hasta alcanzar el éxtasis
allí abajo,
en el inmenso fondo oceánico
con toda la oscuridad circundante y los ojos cerrados
con todo un cielo líquido
gestando el brumoso oleaje
que baila sobre su cabeza

 

5

En su mirada –fija en el horizonte–
reluce la vitalidad de un nadador olímpico
a punto de ejecutar
su esbelto splash: su movimiento dorado

 

6

Esa aparición que persiste
¿Será el espectro de santa Teresa
que muere porque no muere
gozando de dolor? ¿Será
más sencillamente un recuerdo cualquiera
el recuerdo por ejemplo de mi abuela, que lloraba y se reía
al mismo tiempo
contando siempre la misma anécdota?
¿Será acaso el holograma
de algún ángel marítimo? ¿Quién dijo
que los ángeles no pueden bucear
si para ellos
este mundo no es más que una pecera
hermosa y transparente
y ningún lugar les está vedado?

 

7

En su procesión diaria, camina
directo hacia el mar
con la dicha de un devoto que ha de convertir
su cuerpo, cada llaga metálica en algo sagrado
ofrendando su carne cual cordero
a la piedad
de un dios profano y acuoso

 

8

Hay gente que posa el oído
en un caracol para sentir
el rumor del mar. Yo observo cada tarde
el devenir del traje, su lentitud casi papal
y siento en mi pecho un ritmo palpitante:
la música
de un solitario atardecer en
la playa dentro de mi propio cuerpo

 

9

Podría haber sido una madreperla
o mejor algún vitraux representando
un arrecife de coral
Podría haber sido en verdad cualquier cosa
Hubiese preferido cualquier cosa antes que
tener que encontrarme
justo al caer la noche
con la escafandra abandonada
tan llena de preguntas, como toda calavera

 

10

Pasado el estupor inicial,
con la escafandra en mis manos
me tienta jugar con la máscara de un fantasma
en el medio de esta arena vacía
me la pruebo: mis ojos se vuelven alcalinos

Es medianoche y soy un autómata
mis pasos me pertenecen y no me pertenecen
y ya empiezo a sentir
la espuma en mis pies cubriendo
cada poro
de mi piel de hojalata. En derredor, cada átomo es una burbuja:
avanzo imantado hacia el horizonte

 


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