Mariela Laudecina (1974-2021): «Que nos miren con la lupa del deseo» / Dossier

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Las sensaciones que no han sido nombradas

Texto sobre Ciruelas
(Córdoba, Llantodemudo, 2007 [2ª ed., 2014])

Por Guillermo Bawden

Toda obra importante comienza, antes de su construcción, con una simbólica piedra basal, la primera marca, el hecho fundacional. Esta imagen, en el caso del libro Ciruelas de Mariela Laudecina, no por remanida deja de ser certera. Mariela construyó una obra, fue consciente de su construcción, de sus cimientos y de los lazos que elaboró entre la estructura y la fachada de su producción. Ciruelas es, también, un ejemplo perfecto de esa unión. Ella hace de ese libro su piedra basal, allí se encuentran todos los caminos que recorrerá en sus posteriores libros, incluso los narrativos. Mariela se presenta en Ciruelas como personaje aunque algunos jirones descascarados de esa máscara dejan ver, vislumbrar a la Mariela que estaba bajo ese traje literario. Porque en Ciruelas hay una vitalidad que no la abandonaría nunca, incluso en los momentos más complejos de su travesía. “Soñé que corría como un perro o un lobo. Por más que intente ser otra, hasta en sueños la obstinada me persigue”.

Ciruelas deja constancia de la mayoría de caminos que Mariela tomaría y desarrollaría con más detenimiento y certeza. Lo onírico: “Soñé que escribía: Me alejo del mundo porque toco el corazón de las cosas”. El erotismo en pulsión: “Si me decís que soy una cereza… ¿por qué no me probás arriba de la mesa? Dice mi abuela, que en la cama no se come” o “Si me olés, apenas abrís los ojos, acariciás mi pelo y te sumás al nudo que soy entre las sábanas, sabrás que no miento”. Las amistades como necesidad y articulación de los días. La instancia de lo femenino como punto de partida y declaración de acción. El amor como búsqueda, como necesidad. Está en Ciruelas, de manera cristalina y potentísima, la destreza de nombrar las sensaciones que no han sido nombradas. Alcanzar puntos de belleza pulida como flor de cristal que quedan atados a la memoria y a la lengua que las repite, al ojo que los lee. Como una ciruela que llama a la boca a hundir los dientes, este fruto libro promete el sabor que da, ni más ni menos. Mariela se dio a conocer con Ciruelas, seguramente hay miles que comparten la misma instancia de llegar a Laudecina a través de Ciruelas. Te lo regalaba adicionándolo a los libros que te llevabas de Rubén, librería donde trabajó tantos años. Yo tuve, además, la suerte de participar en su reedición en Llanto de Mudo, otro nombre importante en la saga Laudecina. Tan solo ese libro bastaba para que quisieras seguir a Mariela y la tarea no era fácil, aunque ella lo hiciera así si te aceptaba, dejaba en claro las cosas en una sola «abreviatura»: “Cuando comprendas que puede ser tu último día en la tierra, pasá por mi casa. Antes, no vale la pena”.


Selección de poemas de Ciruelas

Lo que a veces pasa. Entre vos y yo se extiende un puente colgante, en el que se hamacan preguntas y ninguna respuesta. Conecta mi ciudad con la tuya. Si divisamos lo que no se ve, corremos hasta el centro y nos saludamos –hola– voy hacia vos, no te das cuenta y yo tampoco; ha erigido la música. Regresamos a cada urbe con respiraciones acurrucadas en los cuellos y vuelve a capturarnos la presunción, lazo magnético que nos eyecta. Corremos nuevamente hacia el puente, encuentro a otro y  nos saludamos –hola– viene hacia mí, no me doy cuenta y él tampoco. Divagás vaya a saber en qué puerto.

Atlántico. Busco en el olor de las hojas, la claridad del pasado. Abro mi boca al viento. Me entrego al verde; la arena sabe cuando se adhiere por capricho en el reverso de pieles y toallas. Podría escribir sobre manos que dibujan, pero aquí vuelan demasiados pájaros, los pinos reclaman atención de primavera, la lluvia necesita de mí para ser dos cayendo hacia arriba. Abajo es cualquier lugar.

Moulin. No le gustaba el vals, temía seguir bailando el un dos tres en círculo y vuelta a empezar y así llevarla a ningún sitio. El acordeón que afinaba el aire grillo, empujó dentro del oído, el violín de hilo, zumbido de encierro principio de silencio, la acercó al borde remolino donde no da el sol a menos que te pienses con rodete que no llevan a ningún sitio como los valses.

Tela. Ser menos ostensible, es una propuesta mágica y difícil; como desenrollar el silencio desde la multitud férrea de uno mismo.

Finitud. El sol me calienta la nuca, el reflejo de un rayo en el papel hace que el comando superior se equivoque. Stop. Qué hermosa la vida detenida.

Insanidad. Basta de reír, me increpó. Intuí que se creía inmortal.

Abreviatura. Cuando comprendas que puede ser tu último día en la tierra, pasá por mi casa. Antes, no vale la pena.

Fiebre. Hablemos de las cosas que no son, hasta que el cuerpo diga basta.

Carrera. Pego stickers en la puerta de la heladera, mariposas con brillantina, el Hombre Araña, Batman y figuritas de Pokemon que traen los chicles… Uno persigue a la infancia como puede.

Baile. En el país del viento, el inestable es rey.

Hijo. Las mujeres y los niños primero (así nos dejan el camino libre).

Glotonería.  Carne más carne, lisa, dura, joven, hambrienta, receptora implacable de fluidos. Todas las tetas para mí, culos, vaginas, lenguas, piernas, dientes, para mí y mi verga que todo lo puede.


Guillermo Bawden es poeta, narrador y editor. Formó parte del grupo editorial Llanto de Mudo. Desde 2012 está a cargo del Espacio de Poesía de la Feria del Libro de Córdoba. Coconduce el programa No es Lo que parece. Escribe la columna Días Contados de La Voz del Interior. En 2021 condujo la docuserie Las fuerzas magnéticas sobre la literatura en Córdoba. Publicó, entre otros libros, Historia de Roma (Córdoba, Babel Ediciones, 2021), Historia de la lluvia (Babel Ediciones, 2021) y Marlboro Vox (Babel Ediciones, 2017).