Diario de familia / Gabriela Bejerman

Diario de familia
Gabriela Bejerman
Buenos Aires, Bosque Energético, 2026

Las voces heredadas

Por Noe Vera

El diario de familia de Gabriela Bejerman es de una belleza desarticulante. Como lectores tenemos que estar preparados para deshacernos, para vivirlo todo: vamos a entrar en el goce de espiar desde adentro el funcionamiento de una unidad familiar y nuestra presencia está contemplada. La narradora representa ante nosotros casi como en una pieza teatral su rol de jefa de hogar con pases de comedia. Dice cosas como “Júzguenme”, “ ya sé lo que están pensando…”, “Felicítenme”, “¿huelen ese olorcito que viene de la cocina…?” Estamos ahí con ella: la “heroína encabritada e irritable, diosa en crocs, ojerosa y radiante, harta hasta la médula” como la define Matías Moscardi en la contratapa.

Nos espejamos y nos divertimos con sus diatribas anti-capucha, anti toalla mojada, anti-monosílabos, anti-mesa compartida. Nos parece exagerada, nos parecemos tanto. Nos reflejamos en sus padeceres más bajos y terminaremos junto a ella elevándonos con la sinfonía de Tchaikovsky Nº 1 tocada por Martha Argerich. 

Hay un padre en este libro: Daniel,  que con su lenguaje desapalabrado sigue el trabajo de guiar hacia el aprendizaje del amor abundante, candoroso, sin condiciones. Y hay una madre, Alicia en el país de la maravilla que fue amar a sus dos hijas con todo gusto, en cada detalle, en entrega pura.

Así y todo, el diario de familia nace a las puteadas, nace por necesidad de volcar por escrito los sufrires diarios más elementales (la pérdida de independencia, las riñas mañaneras con el hijo, los silencios incómodos, las migas, la indiferencia, la cara de ostra, las corazas) todo ese vómito existencial. Y es un libro atrevido, jugado, que expone las verdades incómodas que casi todos decimos a viva voz entre enojos y fastidios a quienes más queremos o pensamos y callamos o guardamos en secreto pero que nadie escribe.

Nuestra narradora empieza a hablar y va a fondo, se mete de lleno en el juego al que entró sin darse cuenta, por amor: una familia ensamblada. De ser una bon vivant, una hedonista, seductora y conductora permanente de sí misma a ser “los cuatrito” como llama al grupo humano del que forma parte. Casi como si necesitara no tomárselo tan en serio. O aplicarle una mota de ternura que lo ablande. Amor y humor se entrelazan en el relato. El drama vívido cotidiano vira hacia la comedia cuando se pone en palabras. Como cuando define a la familia como “mucha gente con quien calentarse”. 

Si el amor la trajo hasta aquí, la escritura ¿la hará salir? El diario de familia explora múltiples definiciones a medida que se escribe, se vive: 

la familia es un verbo: cuidar
la familia: no sólo un collar de ahorque
la familia: el fin de la locura
la familia: que haya algo rico de comer
la familia: cosmogonía expandida
la familia no se termina nunca, sobrevive a mi propia muerte
Soy mía y soy suya ¿algo así es la familia?

 No voy a decir cómo sucede pero sí que hay un arco que va desde preconceptos tales como “Bienvenidos al club del aburrimiento”, “bienvenidos a la cárcel familiar”, hasta definiciones de familia como música de estrellas. O esta otra: “La familia es una cadena de abrazos y cuidados sin fin donde nos sentimos tan queridos y protegidos que podemos ser nosotros mismos”. 

Hay un pasaje, un corredor que va desde el drama y la tragedia a la lírica más exquisita. Para elevar a la familia a la fosforescencia, llevarla a las alturas de la música, al lugar de ser bestias fabulosas de un poder que ofende a las estrellas en este libro hubo grandes transformaciones. 

Se trata finalmente de escuchar amplificado lo que ya estaba ahí (como escrito en el cielo). Los legados, las voces que se heredan, el origen compartido. Los viejos y los nuevos. Los vivos y los muertos. Dejar de mirar microscópicamente a la familia núcleo: abrir la vista hacia el cuerpo universal entero. Visto así, las familias no terminan. Hacia atrás y hacia adelante, hacia arriba y hacia abajo, sólo se agrandan. 

Dos invitaciones subyacen, leo yo, en este Diario. La primera: todxs tenemos familias, en el sentido amplio del término, todxs podemos escribirlas. La segunda: sigamos descubriendo, hagamos parentescos (como dice Donna Haraway). A través de ellos, como dice Gabriela Bejerman “la vida sigue escribiendo”.