75 catas / Léonce W. Lupette

75 catas
Léonce W. Lupette
Buenos Aires, F&F, 2024

Et: roulette ciboulet mosqueta fernet cabernet Lupette

Por Daniel Durand

En las 75 catas de Léonce Lupette, todo empieza y termina en la boca. No como simple cavidad anatómica, sino como un umbral doble: hacia adentro, recibe el vino, lo incorpora, lo tamiza a través de papilas y mucosas; hacia afuera, expulsa no el líquido, sino su traducción verbal. En ese trayecto bidireccional, la boca se convierte en un instrumento de transducción: transforma estímulos químicos, térmicos, táctiles y aromáticos en materia verbal. El sorbo y la frase parecen simultáneos, como si la lengua palpara taninos y, al mismo tiempo, tanteara sintaxis; como si cada palabra conservara un resto del sabor que la originó. Degustar y dictar se confunden.

Desde ese órgano bisagra, el texto de Lupette se aparta del protocolo enológico. El dato técnico —cepas, región, añada— funciona como un punto de partida, pero el eje se desplaza: de la cata técnica a una deriva sensorial y narrativa. Lo que en otro contexto sería un listado de aromas y texturas se convierte en un flujo de asociaciones, imágenes y recuerdos que viajan de un paisaje real a uno improbable, de la memoria personal a una escena fantástica. Es una escritura que avanza por acumulación, que acepta la dispersión como método y que se permite desviarse del vino para llegar a otros territorios.

En ese recorrido, la prosa mezcla registros y lenguas: francés, inglés, checo, portugués, coloquialismos y tecnicismos enológicos conviven sin jerarquía. La textura verbal es cosmopolita e íntima a la vez. La sensorialidad se expande: no solo se describe lo que la boca detecta, sino también lo que los ojos, la piel y la memoria invocan; el vino se convierte en catalizador de percepciones táctiles, visuales y sonoras. Hay humor y extrañamiento: giros inesperados, desplazamientos semánticos, ironías discretas que juegan con la solemnidad del ritual de catar. Cada texto es autónomo, una pieza fragmentaria que puede leerse sin las demás, aunque todas compartan el mismo gesto de emancipación respecto de la cata tradicional.

En el fondo, la materia de trabajo de Lupette no es el vino, sino el lenguaje. Y ahí se abre la elucubración: si la física reconoce cuatro estados —sólido, líquido, gaseoso y plasma—, estas catas parecen invocar un quinto: el lenguaje. El vino atraviesa los cuatro primeros en su tránsito por la boca: sólido en taninos y sales, líquido en su fluir, gaseoso en sus aromas, plasmático en la efervescencia. Pero al atravesar la mente y volver a la boca convertido en frase, adquiere otra naturaleza. El lenguaje, aquí, es materia con densidad, temperatura y movimiento propios, capaz de solidificarse en imágenes, licuarse en asociaciones, evaporarse en sugerencias o ionizarse en destellos sonoros. No es una simple representación de lo bebido: es una sustancia nueva, creada a partir de la experiencia pero no reducible a ella, que puede ser degustada por quien lee y transformada en nuevas percepciones. En las 75 catas, ese quinto estado es el lenguaje, y en última instancia el poema mismo, embotellado en palabras como un líquido irrepetible. El vino es la chispa inicial; lo que queda, lo que se guarda y se abre en cada lectura, es el texto.


Poemas de 75 catas

Cuvée Primiera
Jan Plaček, Pozdní sběr, 70 % Sauvignon y 30% Rulandské bílé, 2005, 13%

Debería estar en Jihlava, pero deambulo por la frontera polaca; el calor, por supuesto, más fuerte que debido. Me tiran carambolas, y sé que acá se hace la buena manteca del campo, con leche de vacas que comen los pastos florales. A mí mismo me quieren transformar en vaca, porque como si nada me crece ciboulette entre los dientes, hasta la garganta. Sí, roulette, apostaría al rojo, por tanta falta de acidez, y más aún de dulzura. Untuosas palabras, y tanta generosidad, ya entiendo: el puerro recuerda que nunca me deje timar. Los cardos florecen suspicaces.


 Don Renzo
Vino de la costa, Vino casero blanco, Uva Americana, Variedad Isabella, Isla Paulina, Berisso

Acordate de cómo comimos los huevos acaramelizados en aquella estación de servicio. Del vendedor de jarabe de GNC, qué gulosos pedíamos un pantano en las salinas laterales. Empieza el maní en la volcanidad animal. Manteca. De algas, algos. Ele- & alimentos básicos, aunque no bastantes. Recordá la ensalada de acéfalos acalefos en aguas vivas y malas.


 Valle de las Lágrimas
Bodegas Castillo Viejo, Tannat, Las Piedras, Uruguay, 2015, 14%

Los tubos caídos del cielo, deslizándose cueros lingüísticos por los costados de lo lingüísticamente curado. Del hinojo las hojas desbordan, no tienen otra opción. Madejas de olvidos influyentes están a la obra. Así se trenza la fugacidad en lo fósil.



 Links

Más sobre 75 catas. Reseñas. En Hurlingham Post, por Ulises Ruvinschik / Medium
Más textos de Léonce Lupette en op.cit. El fin de la afirmación, antología de la novísima poesía alemana / Editora de los Bugres: Libros de Douglas Diegues – Paulo Leminski – Léonce W. Lupette / Anja Utler: Poemas / Versiones de María Tellechea y Léonce Lupette