Entrevista a Camilo Ballena, Premio de Poesía Indígena Argentina

Camilo Ballena: “Escuchar, recuperar y recrear voces silenciadas”

Por Osvaldo Aguirre

Un jurado integrado por Diana Bellessi, Liliana Ancalao y Yana Lucila Lema Otavalo otorgó en el mes de mayo el primer Premio de Poesía Indígena Argentina a Camilo Ballena, por su libro Tañhi iyahinpho / Cuando despierta el monte. Escritor, músico, editor y docente bilingüe, el autor nació en 1975 en la comunidad wichí de El Sauzalito, en la región del Impenetrable, donde reside.

Creado y coordinado por Diego Antico y Violeta Percia, investigadores de pueblos originarios, el Premio de Poesía Indígena Argentina contó en su primera edición con el auspicio del Instituto de Estudios Filológicos Latinoamericanos “Ana María Barrenechea”, de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, y de otras entidades académicas. Tañhi iyahinpho / Cuando despierta el monte será editado como parte del premio por La Flor Azul, editorial que también patrocinó la convocatoria.

“Mi padre, Ángel, era electricista y mi madre, TSilkit, artesana de chaguar y de barro, miembros de los subgrupos wichí LHUKUTAS y TIW’A, oriundos de la región de Formosa —cuenta Camilo Ballena—. Nací y crecí en El Sauzalito, en wichí Sip’ohi. Hace algunos años escribí una canción de homenaje a mi pueblo. La pueden escuchar aquí: https://youtu.be/Q_wIpzC6tho”. Camilo Ballena es editor a través del sello Wichí Lhomet, “una herramienta de afirmación cultural y también un espacio de reconstrucción y proyección: nuestros objetivos no se limitan a publicar libros, buscamos sostener y reactivar una forma de pensar, de nombrar y de existir en el mundo”.

—¿Cuáles son los temas de Cuando despierta el monte?

—Cuando despierta el monte, pensado desde nuestra mirada wichí, no es sólo un relato sino una forma de entender el mundo. Sus temas no se organizan como en la literatura occidental, sino como núcleos de sentido que atraviesan la vida, la memoria y la relación con lo que no se ve, invisible. Estos son algunos de los más centrales: El principio de reciprocidad que rige la relación entre las personas y la naturaleza; lo cotidiano wichí; los objetos simbólicos y espirituales que regulan la vida diaria de las comunidades wichí; los seres que median entre la humanidad y la naturaleza; la cosmogonía wichí; el sentido de la lengua wichí para nosotros; los dueños espirituales que co-habitan el monte y cuya presencia es cotidiana y simbólica para la gente wichí; los mensajes de los pájaros y de otros seres naturales (por ejemplo, las tormentas o los remolinos) para las personas, sus sentidos y sus formas.

—¿Qué representa el monte y qué significa su despertar?

—En conjunto, estos temas forman una visión profunda: “cuando despierta el monte” no habla sólo del monte, sino del despertar del vínculo, de la memoria y del respeto. Es, en el fondo, una llamada a recordar cómo vivir en relación con todo lo que existe.

—¿En qué lengua escribiste los textos?

Tañhi iyahinpho es un libro que reúne un conjunto de poemas escritos originalmente en lengua wichí. Los sonidos de mi lengua tienen que ver mucho con el monte. Son sonidos que resuenan en la vida del monte. A diferencia del castellano, el wichí tiene sonidos que se hacen aspirando y con la glotis, lo que produce cierto ritmo que acompaña las palabras. Es una lengua muy compleja, en este sentido, con mucha versatilidad sonora y rítmica. Eso es muy difícil  de reproducir en castellano ya que tiene menor abanico sonoro. Para nosotros, la gente wichí, el monte es un espacio físico, de reproducción de la vida, pero principalmente un espacio espiritual.

Por otra parte, la lengua wichí no es solo un idioma. Para nosotros, es una manera de armonía con la naturaleza y con los seres que habitan el monte. El idioma nos protege y nos permite seguir construyendo nuestro mundo, sosteniéndolo a pesar de todo lo que se hace contra el monte, contra nosotros, contra la vida que llevamos y nuestra forma de entenderla. La lengua wichí da sentido al mundo que está amenazado. Por eso insistimos en transmitirla y enseñarla.

—¿Qué problemas se presentan al traducir wichí al español?

—El wichí es una lengua tipológicamente muy distante del español. El wichí es una lengua aglutinante y polisintética. Esto quiere decir que las palabras se forman sumando partículas a una raíz, y las partes de las palabras tienen cierto grado de independencia. Las partículas llevan un significado propio, y transforman a las raíces, produciendo nuevos sentidos. Pero además, las palabras wichí son mucho más complejas sintácticamente que en castellano. Por eso, una sola palabra en wichí tiene que traducirse como una oración en castellano o a veces como más de una oración. Porque el castellano es una lengua flexiva, y por lo tanto, necesita más de una  palabra para expresar lo que en wichí lo hacemos con una sola. Además, el wichí no distingue entre verbos y adjetivos, y hay diferentes tipos de sustantivos según el mundo espiritual wichí. Por eso al traducir tenés que pensar “en castellano”, que es más que pensar en esa lengua es pensar cómo diría eso alguien que no es wichí y que tiene otra relación con lo espiritual. Las lenguas europeas son en general flexivas y responden a un mundo espiritual y a una cosmogonía cercana. El reto de traducir al wichí o desde el wichí es hacer dialogar formas de ver el mundo muy distintas. Llevar textos del wichí al castellano y viceversa no busca homogeneizar sino tender puentes. Para mí, la traducción es un acto cuidadoso, donde se intenta preservar el espíritu de la palabra original, permitiendo que otros mundos se acerquen sin perder su profundidad. La dificultad de traducir no es sólo de palabras sino de mundos.

Pero se trata de las palabras, ¿no?

—Cuando se intenta pasar del wichí al español, muchas veces se pierde el espíritu de lo que se dice. La palabra wichí no es sólo sonido, lleva intención, relación, memoria. Una misma palabra puede nombrar algo visible y, al mismo tiempo, su dueño espiritual o su lugar en el equilibrio del mundo. En español, en cambio, las palabras suelen separar, dicen “árbol”, pero no dicen su historia, ni su espíritu, ni el vínculo que se tiene con él. Entonces, al traducir, algo queda afuera, como si la palabra se quedara sin raíz. También ocurre que en wichí hay formas de decir que dependen del contexto y de la relación. No se habla igual a un anciano, a un niño o a un espíritu. El español no siempre guarda esas diferencias con la misma profundidad, y eso hace que el mensaje pierda respeto o sentido.

¿Y a la inversa, qué problemas aparecen al traducir del español al wichí?

—Cuando se traduce del español al wichí, el problema es otro. El español trae ideas que no siempre existen en el mundo wichí, o que existen de otra manera, como “propiedad”, “progreso”, “recurso”. Esas palabras no encuentran un lugar directo en la lengua wichí sin forzar su significado. Traducirlas puede ser como hacer entrar algo ajeno en un tejido que no fue hecho para eso. Además, el español muchas veces habla desde la separación, lo humano por un lado y la naturaleza por otro. En wichí, esa división no es clara. Todo está relacionado. Entonces, traducir esas ideas puede romper el sentido original o generar confusión. Desde esta mirada, traducir no es sólo cambiar palabras, es caminar entre dos formas de entender la vida. Por eso los ancianos dicen que hay cosas que sólo pueden comprenderse escuchando en la lengua propia, o sintiendo lo que la palabra trae consigo. Así, la dificultad no está en que una lengua sea “más pobre” o “más rica”, sino en que no dicen lo mismo, aunque usen palabras para parecer que sí. Traducir, entonces, es acercarse, intentar, pero sabiendo que siempre habrá algo que no se deja atrapar del todo.

¿Qué factores e influencias destacarías en tu formación artística?

—En mi formación hay un cruce constante entre memoria, territorio y palabra. Vengo de una búsqueda que no es sólo estética sino profundamente ligada a una identidad y a una responsabilidad, la de escuchar, recuperar y recrear voces que muchas veces han sido silenciadas o desplazadas. Uno de los factores más importantes en mi camino es el vínculo con la cultura wichí. No la tomo como tema, sino como forma de ver y habitar el mundo. De ahí nace mi manera de escribir, una sensibilidad que entiende la palabra como algo vivo, cargado de espíritu. La presencia del monte, de los relatos de los ancianos, de los sueños y de los silencios, ha sido central en mi construcción poética.

También me ha marcado el cruce entre lenguas. Trabajar entre wichí y castellano no es sólo traducir, sino tensionar sentidos, explorar lo que se pierde y lo que aparece en ese pasaje. Esa frontera lingüística se vuelve un espacio creativo, donde surgen nuevas formas de decir y de pensar. En lo personal, mi formación no proviene únicamente de espacios académicos, sino también y sobre todo, de la escucha, de los mayores, de las historias transmitidas oralmente, del contacto con el territorio. Esa formación viva es la que guía mi escritura. En síntesis, lo relevante de mi recorrido artístico está en esa búsqueda de entrelazar, lenguas, memorias, mundos. Mi obra intenta ser un puente, un lugar donde lo ancestral y lo contemporáneo no se enfrenten, sino que dialoguen y vuelvan a reconocerse.

—¿Quiénes fueron o son tus interlocutores en ese camino?

—Bueno, quiero mencionar a la gente que me acompaña y con quienes aprendemos haciendo juntos. Mis compañeros y maestros como Francisco López,  Laureano Segovia,  José Rodríguez,  Osvaldo Segovia. Audelina Selis Navarrete, Ramón Navarrete, Ernesto Yuku Avendaño y muchos más. A la gente del Centro de Estudios del Lenguaje en Sociedad de la Universidad Nacional de San Martín con la que trabajo hace muchos años, especialmente a Virginia Unamuno y Lara Messina, con quienes pensamos, escribimos y hacemos miles de proyectos. Finalmente, mis hermanos, Josefa, Joel y Américo, con quienes siempre pensamos y charlamos sobre lo que hacemos y lo que soñamos.

—¿Qué trabajo hacés como docente?

—Desde los 19 años ejerzo la docencia. Empecé trabajando de auxiliar docente bilingüe. En donde yo vivo, los chicos llegan a la escuela sin saber castellano. Ahí tienen que aprenderlo. Y no es fácil, principalmente porque los maestros que trabajan ahí en su mayoría no hablan wichí. Ahora esto está cambiando un poco. Pero cuando empecé a trabajar como auxiliar, nuestro trabajo era mediar entre el maestro blanco, que no habla la lengua de los chicos, y los chicos, que no hablan la lengua del maestro. En medio, estamos nosotros, los docentes bilingües. En 2007 se abrió el primer profesorado bilingüe en El Sauzalito. Me llamaron para trabajar ahí, en la formación de Profesores Bilingües Interculturales. Asumí la materia de lengua wichí y de didáctica de la lengua wichí. Después empecé a trabajar en la Universidad Nacional del Chaco Austral, dando clases de wichí. En estos trabajos, fui pensando con mis estudiantes y mis colegas sobre la forma propia wichí de entender la educación. La pedagogía propia. A diferencia de la escuela occidental, la educación wichí se rige por la observación, el silencio atento, la participación mediante la actividad y, justamente, el “hacer juntos”. Este es un principio muy importante de la educación propia wichí.

¿Cuáles son los principios del «hacer juntos»?

—Desde la mirada wichí, el “hacer juntos” no es sólo cooperación práctica: es una forma de sostener la vida en equilibrio. No nace de una obligación externa, sino de la conciencia de que nadie existe solo, de que todo está enlazado. Estos son algunos de sus principios más profundos: la reciprocidad, la escucha antes de actuar, la observación y el aprendizaje a través de la práctica colectiva, el respeto por los roles, la palabra compartida, la ausencia de imposición, la memoria como guía y la comunidad como centro. En lengua wichí, el  N’LHAM (yo) no está separado del LHAMIL (nosotros). Lo que se hace beneficia o afecta a todos. Por eso, el hacer juntos fortalece la comunidad y reafirma la identidad. En conjunto, estos principios muestran que el “hacer juntos” wichí no es sólo trabajar en grupo, es vivir en relación, actuar con conciencia de los demás, y sostener el equilibrio que permite que la fluidez continúe.

¿Cuáles son los objetivos de la Editorial Wichi Lhomet?

—Wichi Lhomet es un colectivo editorial que se creó con el objetivo de dar visibilidad a autores, ilustradores y músicos del pueblo wichí. En la página web wichilhomet.net.ar pueden encontrarse muchos de nuestros trabajos, pueden descargarse nuestros libros, encontrar una guía interactiva para aprender a escribir el wichí así como un diccionario wichí, que ofrece definiciones en wichí y traducciones al castellano. Con los colegas de Wichi Lhomet buscamos potenciar a escritores y cantautores wichí para mostrar que nuestra lengua puede ser vehículo de múltiples tipos de textos y que, a pesar de su silenciamiento y de su marginación, es una de las lenguas indígenas de Argentina que tiene una amplia vitalidad. Hay escritores, autores, académicos, pensadores que producen textos en nuestra lengua para diferentes contextos y situaciones. Traductores, poetas, historiadores, investigadores, etc. producen conocimiento en nuestra lengua. Pero raramente todo este trabajo se conoce en Argentina. Estamos ocultados por las ideas de que en Argentina solo se habla castellano. Sin embargo, somos muchas las personas argentinas/os que, además, hablamos, escribimos, pensamos… en otras lenguas argentinas, indígenas, nativas, originarias. Cuesta mucho dar visibilidad a este plurilingüismo argentino.


Ser del monte

Ser del monte
es llevar polvo de sendero en la piel
y sentir que cada raíz
es un pariente antiguo que todavía enseña.
Es caminar despacio
porque el tiempo aquí no corre
respira.
Y en cada respiro
habla el espíritu de los árboles
los guardianes invisibles
las voces que habitan la sombra fresca.
Ser del monte
es tener el corazón tejido
con fibras de chaguar
firme y flexible
capaz de sostener la vida
aunque la vida duela.
Ser del monte
es recordar que todo está vivo:
el aire
el agua
la sombra
el sueño.


TAÑHI WEHEY

TAÑHI LHELE
HOPE TOJH HULU I’PE T’OJH
WIT ILOTCHE LAFWELTSI
HOPE ELH TOJH PAJHCHE KAMAJH ICHEFWEN
LHAWLHACHE TOJH YIK
IHI TOJH IHI MAK TOJH ICHE
T’IYALH
WIT TOJHMHE LHAY’AJHPHO
HAL’OY T’ISAN INOMETPHO LACHUWEJ
HOPE MAK TOJH HOTEHEN HAN’ONHI
LAPAK TEMCHE HAL’UY KAHEPELH
TAÑHI LHELE
LAT’UTLE TIPOTSINPE
TOIHONA OLETSJH TS’ILEY
TAK’EFWIPE WIT T’ESEY
TEMLO MAK TOJH ICHE
TEJCHE OYTAJH MAK TOJH TEMEJ
TAÑHI LHELE
TAMENEJ TONTICHENCHE MAK TOJH ILOY
MOLHYEJ INWOK
MOLHYEJ INOT
MOLHYEJ HEPEL
MOLHYEJ MAK TOJH TONTIKNA


 Pequeños dueños

Inadvertidos
llevan una antigua grandeza
invisible
que se escucha con el corazón.

Cuidan lo que el mundo olvida.
El brillo del amanecer sobre las hojas
la presencia despierta de los pájaros
el equilibrio que sostiene a todas las vidas.

Habitan la sombra suave
arboledas frondosas
mirada inaudita del viento.

Leves
como un soplo
su espíritu es más fuerte
que cualquier tormenta.

Pequeños grandes dueños
enseñan sin palabras
hablan con señales
con movimientos del agua
con pasos sutiles…

Respetarlos es caminar protegido.
Escucharlos es aprender la lengua del mundo.
Olvidarlos, perder el camino
que une al cuerpo
y el alma.


HAWESIFWAS

THA ICHOJHLHAMCHE
LAKHAJHÑHAYAJH
HOTE TOTTEY HIW’ENHI
TOJH ILOTA HOPE TOJHMHE
LHAJH LATESA.

LHAMIL T’EYA MAK TOJH
TOKNIT’EYAYA
Y’ITPE TOJH INATHAJH
HAL’OWULEY
FWENCHEY INEKWEPHO TOJH
LHAM N’OLA
MAK HANA ITSEPYENCHE
TOW’ATSHANCHEYAJH.

ICHEKFWI HEPELH TOJH IS
HAL’OY TOJH WEWFPE
INWOK HAPITSAJHICHE WIT
HAT’ENHICHE
TEJCHE NIPITAJHA TOJH N’OLA
NICHOTLO INWOKMHE TOLHCHE
TAÑHI
MATTOJH TAKHAJHAY
W’ENHI LHAMEJ PELHAYMHE.

TOWEHEY TOJH LALEMSAS
LHAMIL LACHEFWENYAJH
HIN’OLTEJ LATETNHAY
ICHE TOJH IHI NOTMHE
WIT HAN’ONHICHE LAN’OYIJ
THA IWU CHUWESHA

TUK HOPE NILOWK YALHI
T’EYA TOJH T’IWINLHI
TOJHMHE TACH’AWHIYA
LHICHEFWENEJ MAK TOJH ICHE
TUK HOPE HIP’ETHAT
ISTAKEJ LAN’OYIJ
TOJH IYEJ T’ISAN
WIT LHOY’A LACHUWEJ


Viento mensajero

Viento que atraviesa el monte
mensajero de las deidades
traes rumores de lo invisible
y secretos de los ancianos.
Palabra sin reflejo.
Canto y silbido.
Lo invisible recuerda
sus pactos con nosotros.


 INWOK TOJH TOT’IÑNHUPWU

INWOK TOJH YISTHU TAÑHI
ICHOJHLHAMCHE TOWEHEY LHAÑHI
LHOMTES TOJH NIN’OLACHE
TOJH IYEJ, THONHOY HAN’ONHIYA
AHOPE TOLHOMTES, T’ISAN NIN’OLA
APOSET, ACHUS PITSAJHCHE
TOIHANEJ, HAN’ONHI THA LAHESEK IYTEJ
TOLHAMIL TOJH INAMEJ 


 Los ojos del cielo

Despiertos
las estrellas son ojos
vigilan los pasos del hombre en la noche.
El wichí levanta su mirada
y reconoce en su brillo
la presencia de los que estaban antes.
Nadie está solo, el cielo guarda nuestra memoria.


 PELE TATELHUY

KATETSEL HOTEWUYE
TOTTELHUY
ITETSHAN TO’ELH N’OYIJ TOJH
HUNATSI
HOTE WICHI ITETSHAN
NITOWFLESHEJ TOJH ISI
ELH TOJH LHUKWE P’ANTE
W’ENTUK HITS’ILAK LHAMEJ
PELEL’IÑNI ITSUK NILHUKEJ
LAHANYAJH



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