Un telegrama al futuro (antología poética) / Elvira Hernández

Un telegrama al futuro
Elvira Hernández
Córdoba, Caballo Negro, 2026

Lo que pertenece a la poeta, lo que pertenece a la historia

Por Gustavo Toba

Elvira Hernández es el ¿seudónimo? ¿heterónimo? ¿nombre artístico? de María Teresa Adriasola Olave, nombre civil de la poeta chilena Elvira Hernández. El juego con esa esfera de lo ficcional que muchas veces se da con los artistas que eligen un distinto modo de llamarse (como un vaivén entre lo real y lo falso) no es sin embargo el mismo, en este caso, que cuando se dice por ejemplo que Robert Zimmerman es el verdadero nombre de Bob Dylan, o que Alberto Caeiro y Álvaro de Campos son personalidades ficticias creadas por Fernando Pessoa. Lo decisivo aquí es la circunstancia en la que Elvira Hernández hizo su aparición como poeta. La bandera de Chile, su primer libro, fue escrito poco después de que María Teresa Adriasola fuese detenida en 1979 por la policía del régimen pinochetista durante un allanamiento en la vía pública. En su mochila hallaron material que la comprometía, por lo que fue detenida, interrogada y torturada durante cinco días. Poco antes de una publicación prevista dos años después en la revista del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, el escritor Jorge Guzmán le sugiere adoptar un seudónimo por su seguridad personal. Esa edición llegó a imprimirse pero no a circular, ya que la imprenta fue allanada y el material quedó incautado. Sin embargo, en los circuitos de resistencia al régimen se lee una versión mimeografíada que va sumándole espesor histórico al texto. Esa coyuntura dejará su marca no solo por el gesto posterior de parte de la poeta al adoptar de modo definitivo ese nombre público (y que identificamos con el de la identidad de la autora); también define el carácter de su poesía, “la vocación política que atraviesa esta obra”, como señala Guido Arroyo González en el prólogo a esta edición.

“La Bandera de Chile es exhibicionista por naturaleza”, escribió Hernández casi al comienzo de ese libro, en un verso suelto que ocupa una página completa del largo poema. Y sin embargo, ¿puede una insignia patria ser otra cosa que exhibición? La bandera nacional es a los ojos lo que el himno al oído: símbolos que condensan la identificación con una tierra, una historia y un pathos colectivo. No hay bandera, en ese sentido, que no sea exhibicionista ¿Pero por qué la de Chile lo es “por naturaleza”? Quizás habría que empezar por plantearse la cuestión desde otro lado. Hay algo de la poesía chilena que tal vez no lleguemos a comprender del todo. ¿Por qué esa tierra es tan fértil en poetas? ¿Será un arraigo distinto de sus voces con la identidad y la historia nacional, o incluso con aquello que la antecede a su existencia como estado-nación? ¿Qué es lo que exhibe la bandera de Chile? A título meramente comparativo: ¿podríamos imaginar para aquellos años, y de este lado de la cordillera (si bien con un proceso de reapertura democrática que ya estaba en curso), un texto poético que refiriera un símbolo como la bandera y que no lo hiciera desde un tono paródico o, incluso, algo burlón? ¿Hay algún texto de la cultura argentina que pudiera asimilarse, como experiencia histórica, a La bandera de Chile de Elvira Hernández? Tal vez “Cadáveres”, de Néstor Perlongher, a pesar de la gran diferencia estética.

En la poesía de Elvira Hernández, la identidad chilena está cruzada por ese importante capítulo de la historia de su país (llamémoslo La batalla de Chile, para usar el nombre del notable documental del realizador Patricio Guzmán) de modo tal que se hace indisociable de cualquier otro tipo de identidad que se le pretenda asignar a su voz, sea una de raigambre más existencial, experimental (con lo que la autora casi siempre rehusó de ser identificada) o incluso una más ligada a la tradición lírica, que muchos de sus versos también permiten. Sus poemas son como un ir y venir entre esos polos, y la ambigüedad que explotan no sucede por la tensión de tener que optar entre uno y otro de esos sentidos, sino por el hecho de hacer confluir esos planos: son la convergencia de lo uno y lo otro al mismo tiempo. Esa tensión entre lo individual y lo generacional (en Nostalgia de la luz, otro formidable documental de Guzmán que tiene como escenario el desierto de Atacama y que puede verse en diálogo con los poemas de Cuerpos encontrados en varias partes, la voz narradora, al rememorar la calma citadina del Santiago de su infancia, dice: “Esta vida tranquila se acabó un día. Un viento revolucionario nos lanzó al centro del mundo. Yo tuve la suerte de vivir esa aventura noble que nos despertó a todos”), entre el presente y la historia, se hace por momentos dramática o desesperada cuando esa voz poética se vuelve consciente de estar siendo borrada de la historia, cuando se muestra sabedora de haber quedado como náufraga en ese hiato y esa escena ausente que es la Revolución como pasado (según la denomina Nicolás Casullo), epílogo del sueño ilustrado y el ideal emancipador moderno. En el poema “Compacto”, Hernández escribe: «Hoy tenemos borrón y no más cuenta nueva. / No hay ese paso adelante ni esos dos atrás. / Ni siquiera derecho a pataleo mínimo. / Prueba son los tábanos enfermos / los que persiguen la herida. / No sé si estoy en tiempo real en este condenado baile. / Tal vez borrada del mapa«.

La imagen de la identidad como borrón (incluso en el sentido más literal en el que una goma hace desaparecer la traza de un lápiz sobre el papel) se vuelve metáfora, pero es frecuente que en la poesía de Elvira Hernández haya una tracción del significado hacia la literalidad de la metáfora, como sucede en uno de los poemas de Álbum de Valparaíso: «No hay que echarse a morir / Hay que echarse a vivir serenamente. / Debes ir y poner tu huella digital / sobre lo más sólido / Después brindar con el borrón de ti mismo / sin cuenta nueva en el espejo / en el bar de la esquina / Después marcharte con el portazo único / de tu corazón / por la calle larga / y cerciorarte / que nunca nadie te siga».

¿Cómo entender los  últimos dos versos? ¿En un sentido más bien figurado y existencial, tal como leemos aquel verso de “Llamado del deseoso” de Lezama Lima en que se dice “ay del que no marcha esa marcha donde la madre ya no le sigue”? ¿Como indicación a un compañero o compañera militante en tiempos de dictadura? ¿Poner la “huella digital sobre lo más sólido” es una imagen metafórica de la identidad o la descripción literal del mecanismo de reconocimiento con el que nos identifica un Estado, especialmente si está militarizado? En su ensayo “Las versiones homéricas”, Borges señalaba “la dificultad categórica de saber lo que pertenece al poeta y lo que pertenece al lenguaje” al momento de enfrentarse a la tarea de traducir los epítetos y adjetivos homéricos. En los textos de Elvira Hernández, y parafraseando la cita de Borges, la dificultad se hace categórica si se trata de diferenciar lo que pertenece a la poeta de lo que pertenece a la historia.

En una nota final a esta edición, los editores señalan que para componer la antología Un telegrama al futuro siguieron el criterio de ordenación que ya presentaba la selección de Lumen, organizada cronológicamente según la fecha de producción de los textos y no de publicación de los libros.

Textos de Un telegrama al futuro

Villa Brasilia

Son muchos los años de la defunción
de este paraíso de pájaros.
Volaron junto a ellos
los mil y un árboles distintos
que les daban vida.

Le sucede en el tiempo
un bosque habitacional sin gorjeos
una trápala fónica mecánica
un frontis vehicular
baldosas removidas por raíces ocultas
sobrevuelo de aves en desbandada
un árbol solitario que perdió su nombre.

Libre competición en fuerza y velocidad

A velocidad de tortuga
me digo
camino de la contemplación.
Lo que transita por el mundo
tiene tanta disposición
que apenas le veo la nariz.
Como una pescadora del aire
me instalo a que algo pique.
Y nada de fuerza hercúlea
me vuelvo a decir.
Golpes y encontronazos
abren menos que un parpadeo.

Me arrellano bajo un canelo.

[No vi el Halley]

No vi el Halley el primer día
de su aparecida, cuando vio la luz para nosotros.

Dicen que venía con un brillo de sol
Con un brillo de sol negro en la noche
Una cabellera afro increíble centroamericana.

No lo vi.
No lo vi
con mi cabeza hundida entre papeles
letras sin sentido, letras
y me perdí esa maravilla negra de frac
esa fiesta nocturna, esa revuelta oscurona, ah por
hacer trabajo extra y más trabajo
cobrar y recobrar dineros y hacer
contante y sonante
que el mundo siguiera existiendo para mí.

Dicen que era como una cabeza degollada apareciendo
sin nunca querer desaparecer.

Día 7

………..un hombre es inmovilizado por tres tipos
lo golpean con pedazos de risa con pedazos de fierro
……….el hombre grita a nadie jsálvenme!
……….nadie será testigo en una calle
………le borran la boca los ojos con scotch
todavía hay luz diurna ortogonal no luminarias
el carabinero de la esquina bosteza hacia los cielos
el hombre sube al piso de un taxi como un choapino
……………………..ponen los pies sobre él
……………………………cierran las puertas
el taxi se pierde entre los autos con la banderilla LIBRE

desde la ventana de las micros asoman rostros
…………………………………lámparas extinguidas

Un día como cualquier otro

I.………….entra el sol tajante por la ventana y nos divide en luz y sombra
II.………..sentado alguien espera micro como espera un nuevo gobierno
III.………hojas que caen planean como palomitas
IV.………aparecen murallas con cicatrices alfabéticas
………………………………………—la letra con sangre queda—
V.………..el aire está irrespirable
VI.………las vitrinas viven en la apoteosis de la luz
VII.…….el que canta la Canción Nacional sin reírse gana
VIII.……universidad norteamericana se adjudica obra inédita de
Vicuña Mackenna
IX.………el tiempo es trabajado por el cuarzo
X.……….alguien nos da un cuarto de hora y lo perdemos —el chileno es así



Otros textos y datos de Elvira Hernández en op.cit. «Carta de viaje» / «Zona de desvíos»
Otras reseñas sobre Un telegrama al futuro. En Tiempo Argentino, por Abril Mosconi / Señalador, por Lara Buonocore