
Revolución, divino tesoro
Jorge Aulicino
Buenos Aires, Barnacle, 2025
Roma
No es de mayo este aire impuro.
Pier Paolo Pasolini, «Las cenizas de Gramsci»
Aquel impulso de cambiar la vida
«por mí, por todos»
era ya nostalgia en los sesenta
para Pasolini cuando
escribíamos sin mayúsculas
porque eran para todos las palabras.
Pero Pasolini no lloró sobre la tumba
…..de Gramsci,
ni pensó una elegía
bajo fríos árboles
y gatos en el brezo
los lejanos golpes
de un martillo en la fragua
y las sombras
de las arcadas romanas
tanto en San Pedro
como en el interior robusto
del comunismo Italiano.
Creía en la vida desnuda aún
mocosa, vital y harapienta
de los viejos cuentos,
maravilla y miseria,
de Canterbury de Boccaccio y de Arabia.
No cambiaban la vida pero la mantenían
….en un raro y fascinante equilibrio,
alzada entre cúpulas.
En vilo.
Ahora tenemos nostalgia no de la revolución
sino de cuando creíamos en ella:
una pura mecánica celeste,
marxista convicción y seguridad en «leyes»
implacables de la historia,
de la voluntad, al tiempo que de la ciega
determinación de los hados hegelianos.
Llorar por lo que se creyó
no por lo que nunca se realizó
es una condena que obliga
a girar en una noria
de días y multitud y avenidas
en la tarde, en el anochecer de pájaros
apurados y bocinazos.
AM-FM-AM
Reconstruye, reconstruye, vociferaba Eurípides,
en el profundo convencimiento de que la música
de Orfeo era de carácter mágico, sagrado,
de suerte tal que podría darle otro orden al infierno
e incluso a las atribuciones de los dioses –y hasta
……a los propios reinos de éstos–
con el solo acariciar su instrumento.
Presa de spleen había caído Orfeo,
y el rescate –como era de temerse– se frustró,
……el orden se mantuvo,
durante siglos los trenes partieron y llegaron a horario,
los ríos agitaron juncos y arrastraron lágrimas, sangre,
partes arcillosas de las tierras de labor, desechos…
Ahora suben las mareas más que lo acostumbrado,
el orden pasa de la melodía al tumulto acústico del
…..vociferante speaker,
corren los sordos y los mudos, caminan los que
…..debieran correr, ciegos.
Hades se atusa la barba y murmura algo ininteligible.
Feliz, eso sí. Emerge.
La plaza de los jubilados
La visión del hospital
entristece a los viejos:
querrían que la plaza estuviera en otra parte
–la visión de las paredes blanqueadas
los derrota.
Los viejos entristecen en los sanatorios, los evacuatorios,
las visitas periódicas, las esperas en las antesalas,
las extracciones de sangre, las radiografías,
el buen consejo del médico más joven que ellos:
los aflojan, los debilitan, los sumen en la
soledad de las farmacias.
La salud mata a los viejos
acelera su caída en la noche de la paz
final,
del humo sobre los techos
y de aquellas tardes lejanas
que desviaban sus miradas
desde las paredes blanqueadas
con cal hacia las nubes
rosadas.
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