Marcelo D. Díaz. Oscura llamarada de otra luz

Oscura llamarada de otra luz
Marcelo D. Díaz
Buenos Aires, Salta el Pez, 2024
[2do Premio de Poesía 2021, FNA]

Narración

Quería hablar del aprendizaje de los sueños
entonces me acordé de tu voz
acompañada
por un espiral de sombra
haciendo algo parecido
a lo que hacen los pájaros
o lo peces
cuando nadan juntos
uno al lado del otro
como si no importara
la forma ni el contenido
así sea de día
o de noche
hasta dar con el principio de la claridad
donde se anuda la pérdida
y la memoria de la pérdida;
si me muero
quién hablará de las astillas
quién hablará
de la imagen mental de nuestro árbol
si puede acaso una hoja
–ahora en lugar de tu voz–
por cada instante
recuperado provocar una
calma parecida
a la de habernos perdido
en este mundo.

Lírica

Quería escribir un poema
donde el tema fuese la lírica
un tema lírico para un poema lírico
en un extremo estás vos
susurrando como en un espiral mi nombre
en otro una forma hueca
donde se repiten otras formas
la dirección de mi casa la dirección de tu casa
y así: no quisiera que un día
caminando pasemos sin darnos
cuenta uno en frente del otro
como esa vez que viste una golondrina
y dijiste: parece un pájaro
y yo repetí: es un pájaro
por más que el techo de tu habitación
cubra de nubes la vista y
sobre nosotros aparezca
un sentimiento en forma de corazón
igual no hay equivalencia
para ninguna manera sentimental
quiero decir: quería escribir un poema lírico
pero terminé hablando de enunciados
y modos de llegar o de partir
como si no hubiese tiempo, como si
lo hubiésemos perdido todo
o como si quedara un débil resplandor
para los días venideros
repitiéndose al ritmo de tu voz, con vos,
en fin: como si no quedara nada.

Cuaderno de la nieve
Para Andi Nachon
En otra historia de esquimales
una niña acomoda
sus juguetes:
un oso, una ballena y un mapache de madera.
En otra vida serías la ovejita
en un rebaño de tristeza,
toda la pena quemada por el deshielo
a través
de la llamarada del frío.
Antes aprendiste a decir
“encendida en mí
arqueada duermo alrededor del fuego”
Me doy vuelta
y ya no estás aquí
por eso que la voluntad de los peces
me devuelva la voz,
que me escuchen cantar, así
voy a contarte
somos la nieve arremolinada
en el paisaje.
Dos imágenes:
el ideograma del olvido ovillado en el invierno
y la artesanía del hielo
llevando tu alegría.
¿Escuchaste? ¿Estabas en otro mundo tambaleándote
cayendo y cayendo?
¿Qué se hizo de vos?
¿Vas a morir de niña?
¿Cuándo entrarás en la canción, la llama que trama
el coro de tus seres queridos?
Así ocurre, las cosas tienen todo el sentido
que le podemos dar,
lo ardido, tu yo integrado a la memoria de una avalancha
deslizándose hacia el futuro
a la velocidad de un pensamiento.
¿Escuchaste la voz del oso?
¿Escuchaste a la ballena?
¿Y al mapache?
Y qué decían:
por más que lo desees
lo mejor sería irse
desaparecer en el fruto de la culpa.
Porque aquello que perdiste de niña
te fue concedido
y aun así descansa ya tu corazón
como un papel ardiendo en la mente
acompasado
en el filo de la luz.

Canción

Si tuvieras algo para
decir qué sería
supongo que hay una forma vacía
en la que nadie
se reconoce
fui al río por la tarde y el ojo de un pez
me recordó
la herida mental
flotando como una
bolsa en la superficie
del agua
donde alguna vez guardamos
un hilo de oro
para sujetarnos en el futuro
de la corriente
oscura, sí,
porque nos prometimos
un sentimiento
que duraría mucho más
que el registro mental del pez
hundiéndose,
y así nos fue.



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