René-Guy Cadou (Francia, Sainte-Reine-de-Bretagne, 1920 – Louisfert, 1951). Se casó con la poeta Hélène Cadou. En 1936 tomó contacto con figuras del surrealismo, como Max Jacob, a quien adoptó como maestro. En 1937 inicia su obra con Brancardiers de l’aube. Desde 1945 (según se ha dicho, sabía que tenía cáncer) publica varios libros y plaquetas de poesía, entre las que se encuentran Pleine poitrine (1946), Pleine poitrine (1946) y Quatre poèmes d’amour à Hélène (1948). Muere en 1951, habiendo publicado ese año Les Biens de ce Monde. La primera reunión de su obra se realizó en 1961. En 2023 la editorial Seghers publicó su obra completa, Poésie la vie entière, con prólogo de Jean Rouaud. Las versiones que presentamos, seleccionadas por Silvana Franzetti, pertenecen a la antología El ángel que corre por los campos (Buenos Aires, Duino, 2022), realizada y traducida por el poeta y editor Ariel Pérez Guzmán.
Todavía la infancia
Dios mío, tal vez sea porque siempre estoy con los
niños como uno más
Disputándoles sus secretos, sus llantos y sus tizas de
colores
Pienso en un jardín profundo velado en medios tonos
Con bocas de dragón y angustias de pintor
Camino entre los árboles escuchando mis pasos
Huelo el azufre de la parra y los frutos caídos
Lejos en las raíces perfumadas de los pueblos
Al fondo de los ojos bebe la yunta del cielo
Los animales lentos como cubiertos de sangre
Por las amapolas y por las garras del trigo
Es tarde de domingo igual a muchas otras
Los viejos en la calle con trajes elegantes
Y mi padre que lee tristemente su diario
Todo envuelto en el humo del caporal
Ordinaire Es ahí cuando siento golpear
Mi corazón como el tambor de una trilladora
Y es todavía ahí que en mi ser ya erigido
Me aterro de un momento de eternidad.
ENCORE L’ENFANCE
Mon Dieu c’est peut-être parce que je suis toujours avec les enfants comme l’un des leurs / A leur disputer leurs secrets leurs sanglots et leurs craies de couleur // Je pense à un jardin profond et tout en demi-teintes / Avec des gueules-de-lion et du désespoir-du-peintre // Je marche en écoutant mes pas dans les allées / L’air sent le soufre de la treille et les fruits éclatés // Et très loin dans le fond parfumé des villages / Le ciel fait boire au fond des yeux son attelage // De bêtes lourdes et comme ensanglantées / Par les coquelicots et les griffes du blé // C’est un dimanche après-midi comme les autres / Avec des bonnes gens en habit sur la route // Et mon père qui lit tristement son journal / Enveloppé dans des fumées de caporal // Ordinaire C’est ici que je sens battre / Mon cœur comme un volant d’une machine à battre // Et c’est encore ici qu’en moi-même dressé / Je m’épouvante d’un moment d’éternité.
La huida
Siempre hacia atrás
En esta eternidad donde toco fondo
La mano rozando los muros
Y soltando las amarras
Tan solo siendo también él
Y su trabajo
Ausente siempre presente en su vivir
Soy yo
Es otra vez él
Remero sin océano que nunca zarpó
Y el hombre inquieto que me mira
Y el que me hace sonreír
Se me parecen tanto que me gusta
Confundirlos
Engañarlos
Enfrentarlos uno contra otro
Ellos me liberan de mí.
LA FUITE ÉPERDUE
Sans cesse à reculons / Dans cette éternité dont je touche le fond / La main frôlant les murs / Et lâchant le cordage / Plus seul d’être à la fois lui-même / Et son ouvrage / Absent toujours présent au procès de sa vie / C’est moi / C’est encor lui / Vogueur sans océan qui n’est jamais parti / Et l’homme inquiet qui me regarde / Et celui qui me fait sourire / Me ressemblent si bien que j’aime / A les confondre / A les berner / A les dresser l’un contre l’autre / Qu’ils me délivrent de moi-même.
Destino de poeta
La noche que mueve su oreja
Como un viejo burro abandonado
El último corset de una abeja
Olvidado sobre la chimenea
La campana triste del asilo
Y el paso que responde al paso
En la medida que el guardián
Llene de valor al que no está
El pájaro que cae sobre la piedra
La sangre que cae sobre el corazón
La buena lluvia de los faroles
Que da de beber al ladrón
El ojo de aguja por el que pasa
El tenue hilo de la claridad
El carretel del tiempo que rueda
Bajo las camas bajo los laureles
Pero él se sabe entre los hombres
En la aventura presente
Una pequeña lámpara de aceite
Que puede alumbrar todavía.
DESTIN DU POÈTE
Le soir qui bouge son oreille / Comme un vieil âne abandonné / Le dernier corset d’une abeille / Oublié sur la cheminée / La cloche triste de l’asile / Et le pas qui répond au pas / Dans la mesure où ce qui veille / Encourage ce qui n’est pas / L’oiseau qui tombe sur la pierre / Le sang qui tombe sur le cœur / La bonne pluie des réverbères / Qui donne à boire au malfaiteur / Le trou d’aiguille par où passe / Le fil ténu de la clarté / La bobine du temps qui roule / Sous les lauriers sous les sommiers / Mais se savoir parmi les hommes / En un présent aventureux / Une petite lampe à huile / Qui peut encor mettre le feu.
—
Si mis ojos mis manos
Si mi boca aún tibia
Si la tierra y el cielo
Llegaran a faltarme
Si el viento no pudiera
Llevar en su canasta
Mis aves y la parte
Ínfima del secreto
Si los campos de trigo
Que escondían tu rostro
No alumbraran la ruta
Por la que avanzo lento
Si al fin este poema
Fuera sólo un poema
Y no el grito de un hombre
Enfrentando su noche
Se necesitarían
Dios mío tantas lágrimas.
—
Si mes yeux si mes mains / Si ma bouche encor tiède / Si la terre et le ciel / Venaient à me manquer // Si le vent n’allait plus / Porter dans sa nacelle / Mes oiseaux et la part / Infime du secret // Si les tiges de blé / Qui ferment ton visage / N’éclairaient plus la route / Où j’avance à pas lents // Si ce poème enfin / N’était rien qu’un poème / Et non le cri d’un homme / En face de sa nuit // Mon Dieu serait-ce alors / Besoin de tant de larmes.
Escucho claro
Llueve
El techo me acuna
Un caballo que soñaba vuela bajo la tormenta
Un pájaro duda
Te deslizas hacia la noche
Y yo no comprendo
El cielo ha llegado
Un rostro pálido vigila dentro del espejo
Un reloj se detiene
La cuchilla de la luna
Y los bosques de la mañana
Respiro
Tu corazón se alza en tu sonrisa
Hombre más grande que yo
Tu mano tiembla
Y mientes por primera vez
J’ENTENDS CLAIR
Il pleut / Le toit me berce / Un cheval qui rêvait s’envole sous l’averse / Un oiseau se débat / Tu glisses vers la nuit / Mais je ne comprends pas // Le ciel est dans la place / Un visage déteint veille au fond de la glace / Une horloge s’éteint / Le couperet de lune
Et les bois du matin // Je respire // On soulève ton cœur à travers ton sourire / Homme plus grand que moi / Ta main tremble / Et tu mens pour la première fois
Ariel Pérez Guzmán, del Prólogo a El ángel que corre por los campos
* Hoy, el nombre de Cadou no adorna el cartel de ninguna calle, ni los membretes de ninguna academia o sociedad de escritores. El tiempo, que ordena las cosas en el lugar que les corresponde, decidió que una escuela pública primaria de Sainte-Reine-de-Bretagne se llame René-Guy Cadou.
* La infancia como lugar al que se debe regresar es uno de los principales temas de su poesía. La infancia y la muerte aparecen como los pocos momentos de verdad de una vida. En el prólogo a Hélène o el reino vegetal, escribió: «El poeta vive en una prisión de calles, de gente, de edificios, de bocinas, de platos rotos, de vientres abiertos, de lágrimas, de lluvias, de risas, de trenes cansados. (…) Estos poemas me llegan desde muy lejos de mí mismo, y les hablo de un mundo fugaz, inaccesible como pastos en llamas».
* Teillier, en su revista Orfeo (Santiago de Chile, 1963-1968), descubrió a Cadou para los lectores de este lado del océano. Él amaba a los poetas láricos, como los llamó, y Cadou fue uno de ellos. Lárico como aquel que retorna y que habita en el mundo, por un tiempo de arraigo. «Los ‘poetas de los lares’ –escribió Teillier– vuelven a integrarse al paisaje, a hacer la descripción del ambiente que los rodea. Se empiezan a recuperar los sentidos, que se iban perdiendo en estos últimos años, ahogados por la hojarasca de una poesía no nacida espontáneamente, por el contacto del hombre con el mundo, sino resultante de una experiencia meramente literaria, confeccionada sobre la medida de otra poesía». Los poetas de los lares regresan a la tierra, a la aldea, y de ella sacan su fuerza. Y quizás ese retorno sea todavía más necesario hoy, cuando la vorágine de las ciudades y las pantallas, siempre ajena al hombre, esconde en su vacío cualquier posibilidad de la nostalgia.
El ángel que corre por los campos. Antología poética bilingüe
René-Guy Cadou
Selección y traducción: Ariel Pérez Guzmán
Duino, Buenos Aires, 2022
Links
Otras versiones de René-Guy Cadou. En Revista Altazor / Otra Iglesia es Imposible

