Poemas con nadadores: Michael Collier + Gerald Stern + Maxine Kumin / Versiones: Juan Vitulli

Una serie posible
Por Juan Vitulli

Leo, nado y escribo todos los días. No son las únicas actividades que realizo, pero quizás sí sean las que más quedan grabadas en mi memoria. Hay algo del orden de la repetición y la rutina que me tranquiliza en estas tres disciplinas, me da cierta forma de contención artificial. Al mismo tiempo, hay algo cercano al caos que ellas mismas reponen cada vez que las practico. Por ejemplo, no tengo manera de acordarme cuándo empecé a leer, a nadar o a escribir, pero me resulta ajeno pensar en un futuro cercano sin que estas tres actividades no aparezcan en mi horizonte cotidiano. Leer poemas que incorporan la natación me da mucha alegría. Traducirlos quizá no tanto ya que no me dedico a esto. Darlos a conocer, pienso ahora, debe ser la excusa perfecta para dejar el ego a un lado y ofrecerlos tal como los imagino en español. Las tres versiones que van a leer ahora son, como toda traducción, provisorias. Lo mismo la serie de textos que elegí. Van fuera de todo orden cronológico. Aparecen cómo los fui encontrando. Hay más, muchos más, que espero poder compartir con ustedes en otra ocasión.  De alguna forma, traducir es como tirarme a la pileta, otra vez en el día. Así que ahí van. Ojalá las disfruten. 

*

Michael Collier (1953)

Collier nació en Phoenix, Estados Unidos. Estudió literatura creativa en la Universidad de Arizona. Actualmente enseña en la Universidad de Maryland. Entre sus obras se destacan The Ledge, Dark Wild Realm y My Bishop and Other Poems.

El nadador

Nada como él en Bosco ni en Brueghel,
nada tan desnaturalizado que parezca
no la apariencia de un rostro humano,
sino la sustancia de una forma hecha
y luego deshecha, un grumo
de manteca humana desenterrado de una ciénaga.

Sus ojos ladeados, alineados en un áspero
eje que alguna vez mantuvo el equilibro
cruzando el fulcro de su nariz.
Las profundas pupilas perdidas, siempre en vela
como agua en un pozo de noche.
La cabeza deformada es un maduro

melón, hundida por la presión del fórceps,
el accidente o lo que fuera que lo extrajo
de la normalidad, y lo hundió
en las abrasadoras y aplastantes aguas
de la desfiguración, para luego devolverlo
al mundo y llenarlo con el sonido

preocupante e infantil que produce
su boca que no es tanto una boca
sino un cinchado monedero, cosido casi
a los fragmentos de sus labios—
el ruidoso trotecito del jadeo
que él hace no tiene ningún

sentido sin el zumbido exuberante
de sus manos que ahora delicadas
en mis hombros descansan, como si él dijera:
“Ayudame con el cordón de la malla,
poné la toalla al hombro, ajustá
estas sandalias a mis pies y llevame a la pileta

donde vas a ver cómo me cuesta
ser lo que soy, lo que me vuelvo—
nutria, foca, delfín—
liberado, al fin, de mí mismo, si bien
nunca del todo absuelto, incapaz
de esconder ni la aleta, ni la cola,
ni mis patas palmeadas
con y sin membranas.


The Swimmer
Nothing like him in Bosch or Breughel,
nothing so denatured as to resemble
not a semblance of a human face
but the substance of some form made
and then unmade, or like a lump
of human butter excavated from a bog.

His eyes askew, aligned by a jagged
axis that must have balanced once
across the fulcrum of his nose.
The pupils deep and lost but ever-seeing
like water in a well at night.
The head misshapen like a too-ripe

melon, dimpled by the forceps mark
of his accident or whatever extracted him
from normalcy, dipped him
in the searing, crushing waters
of disfigurement, and then returned him
to the world to fill it with the childish

worrying sound working its way
from his mouth that’s not so much a mouth
as a coin purse cinched tight, sewn
with the fragments of his lips —
the yipping gait of breathlessness
he makes, which makes no sense

without the fluttering exuberance
of his hands that come to rest,
delicately, on my shoulders, as if to say:
«Help tie the drawstring of my suit,
shoulder my towel, fit these sandals
to my feet and lead me to the pool

where you will see how struggling
to be what I am, I become — otter, seal,
dolphin — released from myself, though
not absolved, not ever able to hide
the fin or the fluke, my feet
webbed and unwebbed.»

*

Gerald Stern (1925–2022)

Poeta nacido en Pittsburgh, Estados Unidos. Escribió más de 20 libros de poesía y varios de ensayos. Fue profesor de literatura y escritura creativa en distintas universidades. Recibió, entre otros galardones, el National Book Award y el Wallace Stevens Award. Algunas de sus obras son Lucky Life, This Time: New and Selected Poems y American Sonnets.

Pensando en Shelley

Brazada tras brazada nadé hacia la lluvia
a través de los cedros y la cinta transportadora.
Tuve la cantera para mí solo otra vez,
incluso el caminito que desciende en el banco barroso.
Todos los poetas del mundo estaban muertos menos yo.
Yeats estaba muerto, Víctor Hugo estaba muerto,
Cavafy estaba muerto —con cada patada levantaba
un chorro de agua en el aire —podías
verme venir desde una milla, con el mismo
vaivén de hombros que mi padre. Empecé a moverme
hacia lo abierto entre las dos islas,
pensando en Shelley, y en su cuerpo lechoso.
Nadie había estado aquí antes —yo era el primer
poeta que nadaba en estas aguas —yo sería el
misterio, yo sería la fuente
para todos aquellos por venir. Los ríos de China
estaban llenos de poetas, los lagos de Finlandia, las lagunas
del Sur de Francia, pero nadie en Pensilvania
había nadado así a través de una cantera vacía.
Recuerdo que al final me puse de espaldas
para darle descanso a mi cuello; recuerdo flotar
entre los yuyos y dejar que mis hombros tocaran
las piedras grasientas; recuerdo estar tendido
en la arena gruesa buscando aire.
Esto pasó en junio justo antes que las bayas florecieran,
antes que los helechos cubrieran las colinas, antes
que los pecadores locales se sacaran la ropa para
vadear el agua helada como aves enormes.
Era el primer día cálido y yo estaba
esforzándome en este pequeño mar.
Recuerdo cómo deseaba que mi suerte durara;
recuerdo el terror de la mitad
y cómo, súbitamente, me relajé después de pasar las islas;
recuerdo que fue a causa de Shelley
haber cambiado mi nado inocente
en semejante esfuerzo,
que fue a causa de Shelley,
que arrastré mi cuerpo, cansado y vivo,
hacia la playita debajo de la autopista florecida,
lleno ahora de silencio y claridad.


 Thinking About Shelley
Arm over arm I swam out into the rain
across from the cedars and the rickety conveyor.
I had the quarry all to myself again,
even the path down to the muddy bank.
Every poet in the world was dead but me.
Yeats was dead, Victor Hugo was dead,
Cavafy was dead—with every kick I shot
a jet of water into the air—you could see
me coming a mile away, my shoulders rolling
the way my father’s did. I started moving
out into the open between the two islands,
thinking about Shelley and his milky body.
No one had been here before—I was the first
poet to swim in this water—I would be the
mystery, I would be the source
for all the others to come. The rivers of China
were full of poets, the lakes of Finland, the ponds
of southern France, but no one in Pennsylvania
had swum like this across an empty quarry.
I remember at the end I turned on my back
to give my neck a rest; I remember floating
into the weeds and letting my shoulders touch
the greasy stones; I remember lying
on the coarse sand reaching up for air.
This happened in June before the berries were out,
before the loosestrife covered the hills, before
the local sinners took off their clothes and waded
like huge birds in the cold water.
It was the first warm day and I was
laboring in this small sea.
I remember how I hoped my luck would last;
I remember the terror of the middle
and how I suddenly relaxed after passing the islands;
I remember it was because of Shelley
that I changed my innocent swim
into such a struggle,
that it was because of Shelley
I dragged my body up, tired and alive,
to the small landing under the flowering highway,
full of silence now and clarity.

*

Maxine Kumin (1925 – 2014)

Nació en Philadelphia, Estados Unidos. Fue galardonada con prestigiosos premios como el Pulitzer Prize, el Ruth Lilly Poetry Prize y el American Academy and Institute of Arts and Letters Award. Fue consultora de poesía para la Library of Congress (posición ahora conocida como US poet laureate) entre 1981 y 1982, y dio clases en muchas de las universidades más prestigiosas del país, incluyendo MIT, Princeton University y Columbia University. Sus obras más destacadas son:  Up Country: Poems of New England, Our Ground Time Here Will Be Brief y The Long Marriage: Poems.

Nadar, creer
Center College, Danville, Kentucky

El hermoso exceso de Jesús sobre las aguas
está conmigo ahora en el natatorio Boles.
Este retoño de mí se regocija y lo atestigua:

esas aletas que se alzaron hasta ser brazos.
Esos tendones estirados hasta ser dedos,
Piernas robustas para hacer útil tijera.

Cada vez que rasgo esta costura al entrar,
Todo lo que cargo me es quitado,
despojada en la inmersión.

Amantes, hijos, incluso las palabras se hunden.
Cuestiones de dogma se sacuden con el crawl
y alcanzo, en mitad de la pileta, un arrebato parecido a la fe.

¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy?
¿Qué es lo que traduzco, yendo y viniendo
mientras borro mis propias puntadas en el carril?

Cristo en el lago no estaba pensando
donde dar el próximo paso.
Dios le hizo un flaco favor

mientras Pedro, el pensador, se hundió.
El secreto está en ir cediendo,
está en la camaradería. Dejo que mi cuerpo se esfuerce

aceptando el flaco favor
de esta casi olímpica pileta.
Juntas soy una suplicante. Soy esposa


To Swim, To Believe
Centre College, Danville, Kentucky

The beautiful excess of Jesus on the waters
is with me now in the Boles Natatorium.
This bud of me exults, giving witness:

these flippers that rose up to be arms.
These strings drawn to be fingers.
Legs plumped to make my useful fork.

Each time I tear this seam to enter,
all that I carry is taken from me,
shucked in the dive.

Lovers, children, even words go under.
Matters of dogma spin off in the freestyle
earning that mid-pool spurt, like faith.

Where have I come from? Where am I going?
What do I translate, gliding back and forth
Erasing my own stich marks in this lane?

Christ on the lake was not thinking
Where the next heel-toe went.
God did him a dangerous favor

Whereas Peter, the thinker, sank.
The secret is in the relenting,
The partnership. I let my body work

Accepting the dangerous favor
From this king-size pool of waters.
Together I am a supplicant. I am bride.